Constantinopla de Théophile Gautier:
Danzaban los derviches con los brazos extendidos en cruz, la cabeza inclinada entre los hombres, los ojos semicerrados, la boca entreabierta como nadadores confiados que se dejara llevar por la corriente del éxtasis: sus movimientos regulares y ondulantes, tenían una flexibilidad extraordinaria; ningún esfuerzo sensible y aparente; pero ellos continuaban girando sobre sí mismos como empujados por su mismo impulso, tal como un trompo gira como inmóvil en el momento de la máxima rapidez y parece adormecerse al ruido de su propio zumbido.

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