Pobre, paralítico y muerto de Rafael Azcona:
Volvió a casa temblando hacia las dos de la tarde. Antes de entrar rezó en el rellano un montón de oraciones. Cuando tocó el timbre, su estado de ánimo era muy parecido al que pueda tener en capilla un condenado a muerte.
La criada le abrió la puerta y sacudió una mano al verle:
—Entre, entre, que menuda le espera...

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