Los perros de Tesalónica de Kjell Askildsen:
'¿Te acuerdas de aquellos perros de Tesalónica que no podían separarse tras haber copulado?, preguntó. En Kávala, respondí. Los viejos sentados en la terraza del café gritaban, prosiguió, y los perros aullaban intentando librarse el uno del otro. Y cuando salimos de la ciudad vimos una luna creciente y fina tumbada de espaldas, y tú y yo nos deseamos, ¿lo recuerdas? Sí, contesté'.La rutina asfixia a hombres y mujeres, los aliena en su convivencia: la pareja se convierte en un monstruo bicéfalo de cinismo y el individuo se queda entonces irremediablemente solo, petrificado en un gesto de solidaridad hueca. Tal vez sea esto lo que dicen sin decirlo los cuentos de Los perros de Tesalónica.