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El duro trabajo del traductor

Gabriella Campbell el 20 de junio de 2013 en Divulgación

Nadan dos chicos

Ser traductor no es el mejor trabajo del mundo. Horas eternas y aceleradas para conseguir entregar un proyecto a tiempo, cabezazos contra la mesa al no encontrar por ninguna parte la palabra que necesitas, noches sin dormir porque vas con retraso, abuso constante de aficionados que consideran que no traduces lo bastante rápido… o que te encierren en un búnker para traducir la nueva novela de Dan Brown. Y a esto se une el hecho de que hay textos por ahí sueltos que son, hablando con claridad, intraducibles.

Algunos libros son, simplemente, muy difíciles de traducir. Un buen ejemplo es el 253 de Geoff Ryman, que describe los pensamientos de los 253 pasajeros de metro de la línea Bakerloo londinense. Cada texto perteneciente a cada personaje tiene, además, 253 palabras. Cualquiera que haya hecho sus pinitos en traducción sabe que ajustar el número de palabras de un idioma a otro es una tarea complicada. Aun así, es un objetivo plausible, y parece ser que su traductora al español, Laura Michel, lo consiguió, aunque probablemente con bastantes dolores de cabeza.

Pero un caso muy diferente es aquel donde la musicalidad y la forma del texto lo son todo, como ocurre en la poesía, donde la traducción puede modificar por completo el ritmo y las sensaciones que provoca la obra en el lector, o en textos de prosa exquisitamente labrada como Nadan dos chicos (At Swim, Two Boys), de Jamie O’Neill. El propio título ya es una imposibilidad traductora: la construcción at swim, two boys no tiene mucho sentido en inglés británico y americano, y suena extraña, foránea. Sin embargo, responde a las construcciones del inglés de Irlanda, por las influencias que este tiene del gaélico. En este sentido, Nadan dos chicos no mantiene el impacto del título original, ya que para nuestra lengua, donde el orden de la frase no altera la comprensión de esta, se trataría de una frase muy normal, mientras que para un lector anglosajón medio tendría un toque poético muy difícil de explicar, debido a que el inglés necesita de estructuras muy ordenadas para su correcta comprensión. Imaginad, por tanto, cómo el problema se traslada a todo el texto del libro: el prólogo de este tiene una prosa densísima para cualquiera que no sea irlandés (o británico de Irlanda del Norte), debido a las estructuras curiosas, los juegos de palabras y la imaginería brillante. Al traducirse a nuestro idioma, aunque mantiene una forma llamativa y hermosa gracias a la mano de un traductor eficiente, pierde esa originalidad, esa cerrazón y concentración extrema de un inglés que pasa por el filtro del irlandés caótico que recuerda a los pasajes más oscuros de Joyce. Y, claro, traducir a Joyce ofrece exactamente los mismos problemas.

Muchos argumentan que una traducción perfecta es imposible. Las diferencias culturales y la precisión de algunos términos y expresiones impiden que el volcado de un texto de una lengua a otra mantenga todas las características del texto original. No obstante, la traducción de Inferno, de Dan Brown, debió de ser bastante más sencilla que la de Sorgo rojo, de Mo Yan, por ejemplo; traducir a Lorca al inglés debe de ser también una tarea mastodóntica. ¿Qué libros habéis leído en su idioma original y consideráis que son intraducibles? Esperamos vuestras opiniones en los comentarios.

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8
comentarios en “El duro trabajo del traductor”

  1. André Höchemer (Alemol) dijo:

    Enhorabuena por el artículo, que me ha gustado mucho.
    Como traductor quiero creer que todo es traducible, pero está claro que, cuando se trata de obras sobre temas lingüísticos, es una tarea muy, muy complicada. Aunque no lo haya leído (todavía), sé que hay quien considera “Grimms Wörter” de Günter Grass intraducible (el mismo autor, sin ir más lejos), por ser un ensayo sobre el idioma alemán con ejemplos muy concretos. A ver si el flamante académico de la RAE y traductor habitual de Grass, Miguel Sáenz consigue llevar a cabo esta hazaña…

  2. Ulises Lima dijo:

    Va en serio la pregunta?

    Pues evidentemente casi todos los libros de los escritores de verdad, los artistas del lenguaje…

    Y entre casi todos, cualquiera de Daniel Sada, Alan Pauls, Alicia Yáñez Cossio, Cortázar, García Márquez, Roa Bastos, Carpentier, Rulfo, Onetti, Benedetti, Mistral, Lynch, Wilcok, Loynaz o Parra.

  3. Érase una vez dijo:

    Muy bueno el artículo y muy interesante. Hay que valorar más el trabajo de los traductores!!!

  4. Joel dijo:

    No soy traductor, pero valoro mucho el trabajo de éstos, de veras. Son una pieza clave de nuestro acervo cultural y la difusión del conocimiento universal. Me parece que puede ser difícil traducir autores cuyos idiomas sean muy diferentes al inglés o el español (ya sean sus estructuras o bien sus alfabetos respectivos), como en el caso del ruso o el chino. Por lo tanto, cualquier obra de Dostoievski sería un buen ejemplo, como pudiera ser “Crimen y castigo”, su obra cumbre.

    Muy buen artículo.

  5. Juanma dijo:

    Yo tengo curiosidad por saber cómo se las ha apañado Javier Calvo con “House of Leaves”. Traducir ese libro debe de haber sido un proceso fascinante.

  6. Ger dijo:

    Gracias por el artículo. Como se dijo más arriba, al final del día, por más triste y deprimente que sea, todos los grandes textos. Tengo este problema ahora con Nietzsche. Y por Nietzsche, me estoy asomando al mundo de la ópera, empezando por Wagner.

    Textos de Nietzsche en español donde los traductores quitan por sus pelotas cursivas, quitan o agregan palabras innecesariamente. Es en verdad increíble. Por suerte se cuenta prácticamente “todo” traducido seriamente al español con excelentes notas (para explicar nombres, costumbres, juegos de palabras, etc.). Para más información con Nietzsche:

    Y Wagner es poesía (al igual que Nietzsche). Mi alemán es limitado, pero ponerle los subtítulos en español a la ópera, simplemente no es lo mismo. Es inmenso y desesperante, pero es la realidad.

    Debería de haber (¿la hay?) alguna página dedicada a exponer traducciones serias y no serias.

  7. Gabriella Campbell dijo:

    Imagino que cualquier libro que evalúe cuestiones lingüísticas concretas debe de ser, hasta cierto punto, intraducible (cuesta mucho seguirle el hilo en español a Chomsky en El conocimiento del lenguaje, por mencionar al primero que se me ocurre, cuando sus ejemplos parten del idioma inglés).

    Muy interesantes los ejemplos que apuntáis del alemán. Imagino que ciertas estructuras deben de ser verdaderas pesadillas para pasarlas a otras lenguas.

  8. Virginia dijo:

    Discrepo contigo en cuanto a la traducción de “Nadan dos chicos” de Antonio Rivero, para mí no es eficiente, sino asombrosa. Está claro que en una novela como esta, escrita con ese lenguaje es muy difícil de traducir. Y que no es igual que el original, pero la labor de traducción en este caso es inmensa y leerla traducida al español es una gran delicia también. Todo texto traducido pierde, sea Nabokov o sea Dan Brown. Es así. Lo mismo ocurre con el doblaje en la películas. No es tan bueno como el original, en ningún caso. Respondiendo a la pregunta , intraducibles me parece cualquier obra poética, se pierde absolutamente todo. Yo también me he imaginado que traducir a Lorca tiene que ser una tarea imposible. El poder de la rima, el simbolismo, todo eso se pierde.

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