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Tu libro no es solo tuyo

Gabriella Campbell el 18 de junio de 2013 en Opinión

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En la eterna discusión entre los que están a favor de la autoedición (o de la coedición) y los que apuestan por la edición tradicional, hay un dicho que empieza a escucharse más y más, sobre todo en relación a la edición digital: tenemos que eliminar a los intermediarios. En una nueva era en la que cada vez es más común que un libro triunfe sin la intervención de una editorial, vendiendo a destajo en plataformas como Amazon, se vitorea el concepto de háztelo todo tú mismo. Prescinde de editor, de maquetador, de corrector, de diseñador, de distribuidor y librería, y dedícate solo a pagar el grueso del pastel a una gran infraestructura virtual. Al fin y al cabo, tu libro es solo tuyo. Como escritor, has hecho tú todo el trabajo, ¿no es verdad?

Hoy en día, tal vez más que nunca, se concede una importancia fundamental a la idea de creación. El escritor crea, luego merece todo el mérito del texto. Hace surgir de la nada una composición, le da vida. ¿Pero esto es realmente así?

Para empezar, partamos de la base de que nada surge de la nada más absoluta. El escritor tiene el peso de la influencia de todo lo que ha leído, todos los medios que lo rodean, y además no escribe exclusivamente para él mismo, sino con una figura muy concreta de lector en mente (por lo menos si busca publicar; no hablamos de escritores cuyos legajos solo van al cajón de la mesita de noche). Forma parte de un contexto, de una textualidad, es decir, está condicionado por el acervo cultural en el que ha nacido y donde se desarrolla. No hay nada nuevo bajo el sol, dicen, y por mucho que uno intente innovar, esta supuesta innovación parte como respuesta a formas tradicionales, a las que el autor les debe precisamente su deseo de antagonismo. Por otro lado, hasta el escritor más experimentado y profesional necesita lectores de prueba para comprobar que no haya erratas e incoherencias. Ese primer filtro ya nos otorga un texto ligeramente diferente del que se escribió en primera instancia.

La corrección de estilo, cuando se aplica, proporciona una dinámica extraordinaria a un texto. Los ojos de un buen corrector saben reconocer estructuras cacofónicas, torpes o desmañadas, identifican repeticiones innecesarias tanto fonéticas como gramaticales, pillan incongruencias al vuelo. Y qué decir de los lectores profesionales, que orientan de manera crítica. Todo el trabajo realizado sobre el texto original lo enriquece, forma parte de la obra y se vincula al todo que es ahora tu compendio de palabras escritas, tecleadas o recitadas.

Y, por fin, el lector es el que le proporciona auténtica vida a la obra. Ese lector aplicará sus propias emociones, inteligencia y comprensión a tu texto. Le dará una vida nueva que lo convertirá en algo más complejo y redondo. Merece tener entre sus manos una obra válida, bien escrita, bien editada. Porque si no es así, ocurrirá una de dos cosas: el lector prescindirá de esta obra, que no está a la altura de sus exigencias mínimas; o bien aceptará una experiencia de lectura mediocre que rebajará su nivel de expectativas y contribuirá a construir una sociedad con una demanda cada vez más conformista, con un criterio cada vez más reducido y una visión cada vez más limitada de las posibilidades del arte.

Tu libro no es solo tuyo. Tu libro es de todos. Es un proyecto conjunto, no existe en el vacío. La eliminación de intermediarios que pueden llegar a convertirse en innecesarios (como distribuidoras o librerías físicas) puede redistribuir los ingresos de un libro y convertir las regalías del autor en un porcentaje mucho más digno y justo (en proporción al esfuerzo de este y el tiempo invertido). Pero prescindir del equipo editorial por completo (del editor competente que sabrá adaptar tu obra a las exigencias del mercado y podrá discernir si tiene la calidad suficiente para entregarlo a este; del corrector que transformará tu libro en una lectura mucho más digna; del diseñador que le dará una apariencia mucho más atractiva y cómoda para tus lectores potenciales; incluso de los profesionales publicitarios que pueden ayudarte a llegar a rincones insospechados) puede ser un gran error. Cierto, no estamos en una sociedad perfecta en la que todos los profesionales de la edición cumplen bien su trabajo, pero esta no es razón para eliminarlos de un plumazo. Un libro sigue necesitando de filtros de calidad y de trabajadores que sepan construir, entre todos, un elemento completo del maravilloso acto de la comunicación estética.

16
comentarios en “Tu libro no es solo tuyo”

  1. Juanma dijo:

    Hace años vi una conferencia ya no recuerdo si de Frederick Forsyth o de Ken Follett en la que explicaba someramente cómo funcionan los best-sellers, la labor de documentación previa, y cómo se le da masticadito el trabajo al autor, que realmente “solo” tiene que redactar. Falsa modestia o no, el autor estaba dando una clave muy importante que viene a ser el resumen de lo que dice Gabriella: se trata de un trabajo en equipo.

    Doy fe de que esto funciona de manera parecida en España. Hace años participé de manera colateral en un best-seller, buscando documentación sobre un aspecto histórico concreto de esa novela. Es un trabajo bien remunerado, pero exigente: si te columpias dando datos incorrectos te estás cargando la verosimilitud de la novela.

    La imagen del escritor en la torre de marfil está muy arraigada, supongo que porque a todo el mundo le mola la romántica idea de tener la vida resuelta y poder permitirse el lujo de pasarse todo el puñetero día escribiendo en la cama, pero en el de las artes plásticas siempre se ha tenido muy en cuenta el trabajo de equipo. Lo que llamamos “un Rembrandt”, por ejemplo, suele ser una obra colectiva. Había aprendices o pintores del taller especializados en pintar manos; otros, en pintar perros; otros, en trabajar los objetos inanimados. Rembrandt, o el maestro de turno, “se limitaba” a componer la obra y a darle los retoques finales. Y firmar, claro.

    Esto no difiere del funcionamiento de un estudio de arquitectura, de un despacho de abogados o, si nos ponemos, de una obra de cómic. Por un lado está el trabajo del guionista, por otro lado tenemos al dibujante, y no hay que olvidarse del rotulista.

    Gabriella se refería a los pasos posteriores a la creación, sin los que lo que llamamos “un libro” no sería más la puesta al día de un original fotocopiado y anillado en la copistería de la esquina. Pero conviene contextualizar: casi todas las artes son trabajos de equipo, incluso la literatura.

  2. Javi de Ríos dijo:

    Yo estoy un pelín cansado de navegar entre dos aguas, igual que en el tema de la piratería. Mi posición es muy sencilla: sumar, nunca restar. Deberíamos alegrarnos de que existan al menos dos formas de hacer las cosas que pueden funcionar. Deberíamos alegrarnos de que no sean estancas, y de poder saltar de una a otra según el proyecto que haya entre manos. De poder trazar una ruta para lo digital y otra para el papel, incluso, dentro del mismo proyecto.

  3. Poe dijo:

    Tu libro no es solo tuyo!! es de la Editorial (?) 😮 Respeto la opinión de la autora del post pero me es imposible estar de acuerdo. Inferir que un Autor debe “compartir” su obra (o los beneficios) porque “antes hubo escritores” y porque “se lo dí a alguien antes para que lo lea” es no solo ridículo sino que en lo fáctico falso. Puedo escribir un libro, puedo hacerlo corregir por gente (rentada o no) puedo no hacerlo. Puedo recurrir a un artista para hacer la tapa o no. Puedo recurrir a un “lector profesional” (quiero ya un diploma de lector profesional!) o puedo no hacerlo. Ahora si finalmente deducir que sin una estructura que lo rodee un escritor va a escribir algo mediocre no solo es falso sino que es un disparate descomunal.

  4. Alfonso dijo:

    Se funden en el artículo dos ideas que tienden a asimilarse sutilmente, pero no siempre van unidas. Hablo de los criterios de «calidad» y de «comercialidad». Efectivamente, para llevar a cabo una buena campaña de marketing hacen falta muchos profesionales. Sin embargo, cada vez leo más novelas que se venden muy bien y que literariamente tienen un valor escaso. Algún día alguien podría hacer la prueba (sería una buena campaña también). Misma novela, distintos títulos y diferentes presupuestos para venderlas y publicitarlas. Pongo en duda los criterios de calidad de algunas editoriales, aunque, claro, con los tiempos que corren es normal que intentemos sobrevivir. Más adelante ya habrá alguien que resucite a la literatura.

  5. Alex Pler dijo:

    Buen artículo, aunque vaya a contracorriente. Y es que la gran ventaja de la autoedición (cualquiera puede editar su propio libro) es también su talón de Aquiles. Como no hay otro criterio que el del propio autor, los buenos libros autoeditados (que los habrá) quedan sepultados bajo montañas de cosas sin editar, corregir, maquetar, diseñar, etc.

  6. Enlaces a artículos e información interesantes | Miguel Ángel Acebal Riesco dijo:

    […] Tu libro no es solo tuyo. […]

  7. Luis Valera dijo:

    Sin afán de polemizar, sólo unas consideraciones críticas acerca del artículo y del comentario de Juanma. La actual tendencia a prescindir de los filtros editoriales y a lanzarse a la autoedición digital o no tiene poco que ver con la presunta ambición de los “autores” a convertirse en soberbios demiurgos solitarios de su obra literaria. Que toda obra es consecuencia de una multitud de influencias es algo irrelevante, porque es inevitable cuentes o no con filtros editoriales; y que toda obra es de alguna forma fruto de cierto trabajo colectivo (en equipo formal o informal) más o menos patente, depende más de la naturaleza de la obra que de otros factores. Hacer una película o diseñar un edificio son trabajos que superan la capacidad de un autorvo creador. El problema que sustancia el que los escritores se lancen a la selva digital (o de la autoedición) en solitario, es de otra naturaleza y tiene que ver con el carácter oligopólico de la distribución del libro y su comercialización que margina a los escritores noveles o poco publicados en favor de firmas seguras o de firmas mediáticas (piénsese en cuanto imbécil famoso se ha lanzado a publicar libros aprovechando su tirón mediático). Y por firmas seguras me refiero tanto al escritor que ya ha pasado esos filtros editoriales (de supuesta calidad muchas veces desmentida por los resultados) o que cultiva fórmulas narrativas ya trilladas por el mercado (no necesariamente best-sellers). La sobreoferta de escritores muchas veces obliga a los editores a cerrarse en banda y no apostar por nuevos talentos o hacerlo en base a que encajen en sus parámetros comerciales.
    Por no alargarme, las posibilidades que abre Internet y la edición digital es un castigo a un mercado de rasgos oligopólicos y a una cadena de distribución comercial que se reserva más de un 50% del precio de venta al público a sí misma (distribuidora, gran superficie y librería), y que no tienen la más mínima piedad ni consideración por el pequeño editor (que es quien arriesga por los escritores menos conocidos) ni por el autor poco experimentado. Al igual que las grandes editoriales.
    Dicho de otra forma y para que quede claro: la red, la copia digital de libros y la autoedición no son más que una ajuste de cuentas de proporciones cada vez más amenazadoras para un mercado manejado con criterios monopolistas y una rebelión de muchos escritores hartos de sentirse marginados, ninguneados y mal pagados. Y si alguien cree que las grandes editoriales son garantía de calidad, es que es un ingenuo.
    Un cordial saludo
    Luis

  8. Alfredo Álamo dijo:

    En general, Gabriella habla de algo muy sencillo, pero que parece difícil de asimilar: Hay unos conceptos de calidad básicos que nada tienen que ver con la “calidad literaria”. Si tu libro está mal escrito, está mal escrito. Y punto. Ya puede contar una historia interesante, que si la cuentas mal, no va a llegar a nadie ni va a transmitirse de la manera correcta. Y por otro lado, ¿se habla de la necesidad de una editorial tradicional? No, es más importante saber que esa labor de equipo existe y es necesaria. Cómo se articule, eso es otra cuestión.

    En cualquier caso, creía que estaba claro que “tu libro no es solo tuyo” se refería al trabajo desarrollado, al concepto de que tras un libro hay mucho más de lo que puede parecer, y no al “reparto de beneficios”.

    Y bueno, sí, claro, puedes escribir un libro, no enseñarlo a nadie, que ningún corrector lo revise ni un editor te aconseje. Amazon está lleno de ellos.

  9. Al rico libro dijo:

    Aquí se está olvidando una cuestión fundamental en el tema de la autoedición, y es que muchos de los autores que recurren a ella, es porque han sido rechazados por las editoriales tradicionales. Y eso en ningún caso implica que su obra vaya a ser mala, sino que hay detrás cuestiones de marketing y comerciales que van mucho más allá de la calidad de los libros. ¿Qué debe hacer entonces el escritor? ¿Callarse y guardar su obra en un cajón?
    Sobre el tema del equipo que necesita un autor para que su obra sea “buena,” cada vez más estos escritores que se autopublican recurren a terceras personas para maquetación, portada… O aprenden a hacer estas cosas por sí mismos. Incluso pueden encargarse del marketing (por supuesto, no contarán con los medios de una gran casa editorial, pero una editorial pequeña quizás tampoco fuera a poder hacer demasiado).
    Además, un corrector de textos o un lector profesional no va a garantizar que una obra sea buena.
    Y al final somos los lectores quienes decidimos si una obra es buena o mala. Además, de forma consciente o inconscient,e lo hacemos en base a unos estándares y unos cánones ya establecidos que pueden cambiar en cualquier momento. Todo el mundo tiene derecho a publicar, y el entramado que supone la publicación tradicional está vetado para aquellos que son rechazados por las editoriales. Y no nos olvidemos de que plataformas como Amazon, además de no suponer coste para el autor, permite que su obra tenga un alcance global inimaginable hace tan solo unos años.

  10. Alfredo Álamo dijo:

    El lector califica si una obra le gusta o no. Que no sea un desastre gramatical te lo debería garantizar un corrector (si no lo hace, que te devuelva el dinero). Personalmente, estoy harto de “novelas” muy mal escritas cuyos autores se ofenden al señalárselo, porque “lo importante” son otras cosas.

  11. Gabriella Campbell dijo:

    Gracias a todos por vuestros comentarios.

    Un apunte al comentario de Poe: La figura del lector profesional existe, y suele tratarse de personas con amplia formación y experiencia en el mundo de la crítica y el entorno editorial. Es un filtro indispensable para muchas editoriales.

    “Ahora si finalmente deducir que sin una estructura que lo rodee un escritor va a escribir algo mediocre no solo es falso sino que es un disparate descomunal.”

    Te sorprendería la cantidad de mediocridad que se transforma en algo aceptable gracias a un buen equipo editorial, del mismo modo que hay grandes escritores que producen material encomiable precisamente gracias a la labor de esa estructura que consideras un disparate. Y dentro de esa estructura he incluido en el artículo todo el entramado social y cultural, no solo la labor editorial, ojo. No me parece ridículo asumir que nuestra obra no es solo nuestra, sino producto de un acervo cultural, una serie de influencias y de postproducciones. De hecho, creo que si más escritores aceptaran este hecho en vez de considerar que su texto es perfecto e intocable, tendríamos una calidad muy superior (en todos los sentidos) que la que tenemos. Y cuando hablo de los que prescinden de esas estructuras no hablo solo de autoedición (hay muchos autoeditados que se gastan sus buenas pelas en la producción, corrección y edición de su obra), sino de grandes editoriales que pretenden ahorrar dinero al no utilizar los servicios profesionales necesarios.

  12. Gabriella Campbell dijo:

    Perdón, respecto a mi párrafo anterior no quería decir que considerases esa estructura un disparate. Quería decir: “esa estructura que consideras innecesaria”.

    El reparto de los beneficios es injusto, por supuesto, ya que el autor se lleva una parte mínima del pastel, pero muchos no se dan cuenta de que la editorial también se queda con un porcentaje ridículo considerando la inversión realizada, al igual que los profesionales involucrados (diseñadores, correctores, etc.). Lo que hay que analizar hoy en día es la necesidad de otorgarle grandes pedazos del pastel a inmensas plataformas digitales o distribuidores físicos. Ese es otro asunto muy distinto.

  13. Santiago Eximeno dijo:

    A mí me fascina también, como dice Alfredo, la gente que defiende su libro mal escrito diciendo cosas como “no, si no soy escritor, yo cuento historias”, o amparándose en que vende más o menos.

    Pero entiendo que algunos lectores no le dan importancia a las mismas cosas que yo cuando se habla de libros, que no de literatura.

  14. Del lector al libro « Un Bosque Interior dijo:

    […] por fin, el lector es el que le proporciona auténtica vida a la obra. Ese lector aplicará sus propias emociones, inteligencia y comprensión a tu texto. Le dará una vida nueva que lo convertirá en algo más complejo y redondo. Merece tener entre sus […]

  15. Sobre el periodismo de titulares, los ebooks pirateados de Scyla y la promoción a la antigua usanza | C dijo:

    […] cierto, aunque estoy plenamente convencido de que la función editorial es fundamental, tal y como explica Gabriella Campbell en este artículo, viendo cómo funcionan estas cosas, si me diera por escribir y me viera obligado a publicar en […]

  16. El valor de un libro bien editado - Blog de Falsaria Blog de Falsaria dijo:

    […] Fuente: Lecturalia […]

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