La labor del corrector: Entrevista a Juan Manuel Santiago (I)

En esta segunda entrega de entrevistas con profesionales relacionados con el sector del libro, hemos querido ofreceros la perspectiva del corrector, esa persona por cuyas manos pasa un texto para ser pulido y perfeccionado para ofrecerse al lector de la mejor manera posible.
-Algo que seguramente se habrán preguntado algunos lectores es qué es exactamente un corrector de estilo, qué es un corrector ortotipográfico y si hay alguna diferencia entre ambos.
La corrección es una de las fases del proceso de edición de cualquier texto. Por muy buenos que sean el autor y la editorial, siempre habrá algún aspecto susceptible de mejorar, para que la edición sea perfecta, o casi. (¡Siempre hay imponderables!)
El lenguaje es un código que se ha creado para facilitar la comunicación entre personas. Cuanto más uniforme sea este código, menos errores de interpretación tendremos, y más fácil le resultará al autor transmitir el mensaje que pretende transmitir con su texto.
Por simplificar mucho, existen dos tipos principales de corrección, aunque no son los únicos. La de estilo se encarga de hacer que el texto sea legible, no exista ningún aspecto oscuro desde el punto de vista gramatical o de significado, y se adapte a las normas específicas de cada editorial. La ortotipográfica repara todos los errores ortográficos y de tecleo, lo que de manera coloquial (incluso en algunas editoriales) se llama «poner bien las comas».
-¿Cuál dirías que es la mayor dificultad que sueles encontrarte al realizar una corrección?
Los plazos de entrega. Corregir consiste en leer un texto varias veces, volviendo atrás una y otra vez para unificar aspectos en los que no habías reparado al principio, o para rectificar criterios cuando cambian de una página para otra, y esto requiere tiempo y atención.
También es difícil determinar el nivel de intervención necesario. En ocasiones corregirías más a fondo de lo que te piden, pero no puedes hacerlo, porque te han solicitado que seas respetuoso con el estilo del autor, que es quien tiene la última palabra, y te arriesgas a que te rechace todos los cambios.
-¿Cuáles son los errores más comunes que te encuentras en textos de tipo literario? ¿Cuál es esa metedura de pata de la que parece que no se libra ningún escritor?
Soy admirador incondicional de los textos escritos en español pero repletos de falsos amigos, pasivas y mayúsculas provenientes del inglés. ¡Es como si el autor quisiera demostrar que solo lee en versión original! Otro asunto que me epata son los catalanismos y castellanismos de algunos textos editados, respectivamente, en Barcelona y en Madrid. No es infrecuente que se cuelen nuevos de trinca o la dije. Por no hablar de lo mucho que cogemos en textos que se van a distribuir en Latinoamérica. Me parece bien que los autores escriban así, dado que son sus variedades lingüísticas y luego se corregirán, pero no es de recibo que estos detalles aparezcan sin enmendar en un texto ya editado.
(Continuará en la segunda parte de la entrevista).

4 de agosto de 2012 a las 9:11
Me parece una tontería esto de “corregir” a los autores: me imagino a este señor corrigiendo RAYUELA, o el ULYSSES de Joyce, o tantos otros libros que están escritos como sus autores desean escribirlos y por tanto, no me parece que estos correctores sepan más que ciertos autores (hablo de grandes autores y no tanto, pero que saben perfectamente cómo quieren que aparezca su escritura). Dios nos salve de un señor que pretende corregir en español y escribe “me epata”, en lugar de usar la palabra española, que es el idioma que hablamos 500 millones de personas en todo el mundo. Para enmendarle la plana a un autor hay que estar muy por encima de él… Augusto Lázaro
5 de agosto de 2012 a las 11:25
Hola Augusto:
Te recomiendo que profundices en la labor de un corrector editorial y no te guíes, unicamente, por lo vertido en el artículo. Una da las máximas de un corrector es modificar lo menos posible el texto, exceptuando los errores gramaticales, ortográficos, sintácticos, etc. Pero en cuanto al estilo o dudas sobre significados, intencionalidad, lo normal es que se dirija al autor para consensuar. Por ponerte un ejemplo, para cambiar siquiera una coma el corrector debe estar convencido del error de su existencia y suele abstenerse dada la gran carga de intencionalidad subjetiva que tiene este signo según sea el ánimo de su escritor.
Por otro lado, un corrector no “corrige” a un Joyce o a un Cortazar, como citas; pule defectos para la edición. Un mecánico de barrio te puede cambiar un fusible o añadir su falta y no por eso tu Rolls o Ferrari empañan su grandeza. El mecánico, el corrector, es tan importante como la elección de las tapas, el gramaje del papel, la portada. Todo para que al lector se sienta conforme con la obra que sujetan sus manos.
Un saludo.
Un saludo
5 de agosto de 2012 a las 22:14
A mí lo que me parece una tontería es no aceptar con humildad que nadie es perfecto y que un autor, por muy bueno que sea, puede tener errores de cualquier tipo, pero para ello lo que no hay que tener es un ego como la copa de un pino, cosa que por lo visto no comparte el tal Augusto. Piensa que un corrector, en realidad, es un primer lector aventajado, con suficientes herramientas y conocimientos para detectar esos pequeños fallos que todos cometemos (typos, leísmos, anacolutos, incongruencias, faltas de concordancia…), respetando siempre el estilo del autor e intentando que su labor quede lo más invisible posible. Obviamente son los autores los que deciden qué cambios aceptan y cuáles no, pero curiosamente cuanto más insignificante es el autor, peor se lo toma; en cambio, cuanto mejor es, más consciente es de sus puntos fuertes y débiles. Que también tiene de estos últimos y es de grandes admitirlo.
Y comparar todo lo que se edita con James Joyce es francamente ridículo. Por cierto, el Sr. Joyce también pasó por el proceso editorial, tuvo editor (que yo sepa, entre otros, George Roberts) y me imagino que sus textos también pasaron corrección en mayor o menor medida.
6 de agosto de 2012 a las 8:01
[...] con la entrevista que comenzamos con el corrector y ensayista Juan Manuel [...]
6 de agosto de 2012 a las 12:31
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
Por alusiones, ‘epatar’ es una palabra admitida por el DRAE, por lo que su uso es correcto.
“epatar.
(Del fr. épater, deslumbrar).
1. tr. Pretender asombrar o producir asombro o admiración. U. t. c. intr.”
Abrazos a todos,
Juanma.
6 de agosto de 2012 a las 19:45
Ufff, Augusto, tiene usted un ego imperial
Todo autor necesita un corrector de estilo y lo agradece (otra cosa es si las editoriales pueden pagar sus servicios o prefieren ahorrárselos con la excusa de que el autor tiene la primera palabra, la última y la única). Lo que pasa es que un corrector de estilo no es lo que usted parece creer que es.
6 de agosto de 2012 a las 20:56
Creo que Augusto está equivocado, primero, no todos los autores son Cortazar o Joyce, y segundo, nunca está demás una ayuda, como escritor aficionado, me encataría una persona que me ayudara con la redacción.
8 de agosto de 2012 a las 10:30
De verdad Augusto usted cree que Cortazar o algún buen escritor manda su libro terminado y coloca un apunte que dice “no tocar”… Jaja por supuesto que no, todos pasan obligados por las manos de un corrector
14 de agosto de 2012 a las 15:17
Todo autor que pase por el filtro de un corrector de estilo, deja de escribir una obra propia para participar de una obra colectiva. El escritor que se precie debe escribir su obra él, sin interferencias, y los lectores apreciar el texto con sus defectos y virtudes. ¿O acaso Don Quijote no está plagado de errores? Sin embargo, la escritura de Cervantes no pierde su frescura e interés a través de los años.