Malas críticas, buenas ventas

En un sentido ordenado y lógico, uno podría pensar que una obra literaria que sufriese de una recepción crítica nefasta no tendría ninguna oportunidad en el mercado. Pero en el extraño mundo de la oferta y la demanda, resulta que suele cumplirse ese viejo dicho, “toda publicidad es buena”. Parece ser que lo importante es generar mucho ruido, sea del tipo que sea. Las reseñas, críticas y opiniones negativas a veces son, precisamente, lo que incita a otros lectores a adquirir un libro. O tal vez nos encontramos con libros que suscitan polémica, ya que enfrenta de manera enfurecida a sus grandes detractores (que expresan su desprecio de manera contundente) con sus más fieles defensores.
Y si no, que se lo digan a la Sra. Meyer, ya que Crepúsculo goza de un estatus que el escritor medio no envidiaría: es el líder en lo que se refiere a malas críticas. Stephanie tiene 669 valoraciones mínimas (de una estrella) en Amazon.com, seguida por escritores muy populares como Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres), George R. R. Martin (Dance of Dragons), Kathryn Stockett (Criadas y señoras), Sara Gruen (Agua para elefantes), Janet Evanovich (Explosive Eighteen), Christopher Paolini (Legado), Deborah Harkness (El descubrimiento de las brujas), Suzanne Collins (Los juegos del hambre) y la mismísima J. K. Rowling (Harry Potter y la piedra filosofal). Todos estos son grandes nombres superventas, lo que nos da a entender que lo que le gusta a la mayoría no tiene por qué gustarle a todos. De hecho, lo que gusta a la mayoría con frecuencia produce un efecto vengativo, producido por la envidia, el ansia por ejercer de abogado del diablo o, en algunas ocasiones, gozar de una capacidad crítica sana que permite distinguir texto de baja calidad producido en masa de auténticas obras de arte destinadas a pasar a la posteridad. Y es importante diferenciar los medios de crítica. La reseña media de páginas como Amazon o similares no suele más que una opinión de consumidor, mientras que otros medios especializados se centran más en una crítica elaborada y razonada del libro. O debería ser así, ya que la crítica profesional y la opinión media en internet (ya sea a través de páginas de compra, blogs o redes sociales) mantienen límites de distinción cada vez más difusos.
Y si reflexionamos más sobre el asunto, podríamos preguntarnos… ¿y si esas mismas críticas negativas son las que impulsan a comprar una obra? ¿Cuántos de vosotros habéis hojeado Crepúsculo, intrigados por la acumulación de mala leche en su contra? A veces, nos puede más el “¿será tan malo como dicen?” que el “¿será tan estupendo como aseguran?”. La curiosidad y el morbo son factores poderosos a tener en cuenta en el fastuoso mundo de la mercadotecnia. Sólo esto puede explicar el éxito de fenómenos como el tema “Friday” de Rebecca Black, la atracción de un vídeo de un niño alemán pegando gritos, o el hecho de que obras como Crepúsculo, la biografía de Miley Cyrus o El Código da Vinci, obras que encabezan la lista de peores obras en la biblioteca virtual GoodReads, sean también los más vendidos.
Autores relacionados:Christopher Paolini
Deborah Harkness
George R. R. Martin
Joanne Kathleen Rowling
Kathryn Stockett

16 de febrero de 2012 a las 12:27
No sé hasta qué punto el ejemplo en cuestión no es un éxito en ventas por otras razones como el llamado “fan service” y la escritura dirigida a adolescentes en general.
16 de febrero de 2012 a las 14:01
Estoy en parte de acuerdo con el artículo, pero creo que también es necesario un comienzo por parte de la editorial o por la calidad del libro. Es decir, para que libros como Harry Potter o Crepúsculo pasen a ser odiados, antes han tenido que ser medianamente conocidos o bastante conocidos para que comiencen a ser odiados. A partir de ahí, es cierto, que el número de ventas aumentará más que si la gente no lo criticase y redundará en beneficios, pero el paso previo creo que es importante para conseguirlo.
16 de febrero de 2012 a las 14:59
No creo que el lector de libros como Crespúsculo o El código da Vinci tenga interés por lo que dicen las críticas. Les funciona el boca a boca, poder comentarlo con la gente, no tener que esforzarse en la lectura… Lo mismo que pasa en TV con muchos de los programas con más audiencia.
16 de febrero de 2012 a las 16:48
Lo artístico y lo económico generan extraños compañeros de cama, parafraseando a Churchill. Se supone que los editores son los encargados de filtrar aquello que no es bueno desde el punto de vista literario. Sin embargo, al final prima el criterio económico frente al artístico. La gente demanda bodrios, así que se los daremos. Por esa razón, a la tenista se le publica su libro (dudo que lo haya escrito ella en persona) y se le da una cobertura mediática que ni Paul Auster; mientras tanto, estoy seguro que habrá muchos autores buenos que, tal vez, nunca vean sus obras publicadas (o sí, en el caso de que compren su propia edición).
16 de febrero de 2012 a las 18:28
¿Martín y Rowling con poca puntuación? Madre mía. Al final van a tener razón los Mayas y el mundo se va al garete…
19 de febrero de 2012 a las 19:54
Hay libros para todos los gustos. Yo tengo claro que a la hora de reseñar un libro que no me ha gustado lo hago desde mi punto de vista como lector, diciendo qué cosas me parecen buenas pero también marcando las malas. Y siempre digo que es mi opinión. Lo que me guste a mí no tiene por que gustarte a ti.
Lo que está claro es que el mundo editorial ya no es lo que era, es un negocio, y lo que va a primar es la cantidad de ventas no la calidad del libro. Hay verdaderos “horrores” literarios que no hay por donde cogerlos pero que son superventas porque hay gente que los compra. En un mundo donde Justin Bieber vende millones, si publica un libro de su vida, venderá millones del libros aunque sea el peor de la historia.
Si “Crepúsculo” siendo un libro mediocre se convierte en un fenómeno de fans quinceañeras, las editoriales se van a forran, y para seguir ganando dinero nos llenarán los estantes de las librerías con novelas de este estilo por doquier porque simplemente se venden.
¿”El código da Vincie” es un libro malo? pues si, pero tiene una película.
19 de febrero de 2012 a las 19:56
Coincido con Erkaitz Ortega. El mismo caso de la literatura se puede extrapolar a la televisión u otros. No siempre la mala crítica es vengativa, ni por envidia; a veces es lógica. Lo que no es lógico es que, ya sea en literatura o televisión, la gente quede ensimismada con tonterías cuando tiene a su disposición calidad en todos los niveles.
20 de febrero de 2012 a las 20:34
[La gente queda ensimismada con tonterías cuando tiene a su disposición calidad...]
Pero es así y aunque no sea políticamente correcto no todo el mundo tiene la cultura y le capacidad de leer obras más profundas, con mayor riqueza léxica (que les obliga a consultar un diccionario cada dos por tres) ni las ganas de cansarse las neuronas en un esfuerzo intelectual continuado. Y bueno, pues bien está que cada uno encuentre lo que busque. De igual forma yo nunca me pondría a hacer una maratón porque no iba a ser capaz de terminar.
Lo malo es cuando esos mismos se permiten el “lujo de criticar obras clásicas” por considerarlas aburridas cuando sencillamente no las entienden. Eso sí, se sentirán ofendidos si tocas a sus Dan Browns de turno y te llamarán snob elitista, je.
24 de febrero de 2012 a las 12:25
Estoy completamente de acuerdo con Carlos. A veces apetece un libro sencillo, sin demasiada complejidad pero que entretenga un par de horas. Incluso iría más allá y aplaudiría que libros como los que mencionáis acerquen la lectura a personas que de otra manera no cogerían un libro para nada. El problema viene cuando intentan venderte un libro como El código Da Vinci como la panacea y como obra excepcional sabiendo que hay libros mucho más intricados y lógicos con menos repercusión.
26 de marzo de 2012 a las 20:26
La triste realidad, no hay otra forma de decirlo, estoy totalmente de acuerdo con lo que dijo Sergio, lastimosamente la gente se deja llenar la cabeza con cuanto producto salga al mercado sin importarle la calidad, no es algo exclusivo a la literatura, es algo que se ve en el mundo del entretenimiento y el arte en general.
Yo soy un lector bastante exigente con lo que leo, y no me duele hablar mal de algo malo, aunque lo hago una vez que lo he leido (aunque me duelan los ojos como con cierto libro de vampiros…), y he visto como la cantidad esta primando sobre la calidad, el consumismo nos esta consumiendo (valga la redundancia).
Para lectores serios, o al menos los mas exigentes (excluyendo generos ya que son tantos), es, en cierta forma, doloroso ver como libros “vacios” en argumento se venden como pan caliente recien hecho, mientras otros con profundidad, o al menos con un argumento, pasan desapercibidos, o peor aun, siendo despreciados por esta nueva generacion de lectores ligeros por el solo hecho del hyppe mediatico que se realiza para publicitar estas “obras”.
En un caso personal, en una ocacion participe de un debate sobre la literatura gotica, fantastica y de ciencia ficcion, donde no era de los mas viejos (apenas tengo 27), pero donde participaron gran cantidad de jovenes dando opiniones vacias sobre el porque les gusto un libro y porque el otro no, algo que en un momento me llego a fastidiar fue el ver comentarios positivos sobre Twiligh argumentados en comentarios como “los personajes son mas actuales y frescos”, “la historia es muy amplia, ocupo 4 libros”, en una comparativa con sagas que ya llevan su buen tiempo a las que criticaban negativamente, un ejemplo fue Necroscopio de Bryan Lumley, donde una niña (digo niña porque no creo que contara con mas de 20 años) dijo que no le parecio un buen libro por el simple hecho de que “los personajes no son nada atractivos”, oigase bien, por cuestion de estetica, no por la profundidad del argumento, por la complejidad de los personajes, por el bien llevar de la historia, no, por simple estetica, escuchar eso de alguien tan solo 7 u 8 años menor que yo, en condicion de universitaria en lenguas, me da tristeza mas que otra cosa, y no era la unica, gran cantidad de asistentes repetian la misma formula, diria que mas de la mitad que en general eran jovenes de entre 18 y 23 años, todos dando argumentos tan “idiotas” (no veo otra forma de decirlo), que a los mas letrados ni ganas nos daban de debatirles porque su punto de vista era tan cerrado que les dolia el hecho de que su amado Crepusculo fuera tan fuertemente criticado al compararlo con otras sagas del genero, en especial con las Cronicas de Anne Rice, donde argumentaban que Crepusculo era la evolucion de esta (ese me dolio a mi).
En fin, ya me desahoge un poquito, hasta exagere, pero digamos que he puesto mi punto, la gente ya no se guia por la calidad, sino por la moda y el consumismo, sea en lo que sea.
Saludos!!