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Nuevas (y viejas) maneras de editar y de escribir

Alfredo Álamo el 8 de enero de 2012 en Literatura, Literatura electrónica, Mundo Editorial

Folletín

A nadie se le escapa que el formato de novela es el rey indiscutible del sector editorial, donde se centran los mayores esfuerzos tanto por parte de los escritores como de las propias editoriales. La novela en sí se ha convertido en un icono literario que lleva asociado un lanzamiento y una promoción -así como una producción industrial- que a día de hoy está perfectamente desarrollada.

El público lector también se ha acostumbrado a la novela, incluso a pagar sus buenos treinta euros por un libro con la promesa de que el resultado tras varias horas de lectura va a ser satisfactorio. Las antologías de relatos se siguen publicando pero parece vox populi entre muchos editores que son un negocio ruinoso (yo personalmente no entiendo, entonces, que las sigan publicando) aunque creo que se refieren más que otra cosa a la diferencia de ventas habitual con novelas. Del formato de novela corta parece que nadie se acuerda, con la honrosa excepción de editoriales como Libros del Zorro Rojo, Rey Lear o Nórdica, aunque con la peculiaridad de convertir las novelas cortas en preciosas joyas ilustradas.

Hay que decir también que el desarrollo tecnológico en imprentas y distribuidoras también ha favorecido que las novelas puedan crecer en cuanto a tamaño, hasta el punto en que algunos libros parecen no tener fin, como por ejemplo, las novelas de George R.R. Martin o la última de Patrick Rothfuss. Con esos tamaños a veces me pregunto si una novela de más de mil páginas sigue siendo una novela tal y como la conocimos en el siglo XX, sobre todo si sólo es una parte de una serie mayor.

Lo cierto es que la tecnología, tal y como dio el salto para permitir la aparición de novelas más largas y mejor editadas, ahora nos presenta la oportunidad de retomar una serie de formatos que, como ya hemos señalado, suelen estar marginados o dados de lado por editoriales y público. Hablamos, claro, del salto digital, de qué podemos hacer ahora que nos hemos visto liberados, por decirlo de alguna manera, del corsé impuesto por las tapas y contratapas del libro tradicional.

Los cuentos. Hoy en día los relatos se leen poco… pero son ideales para la lectura ocasional o de tiempo limitado. Leer una novela en el metro se puede hacer eterno, sin contar con el hastío que puede provocar dedicarle semanas a una trama en la que apenas se avanza. Para los viajes de metro el cuento es un producto ideal. Lo malo es que, hoy por hoy, hay que comprarlo en antologías, bien de un autor o de varios, con lo que la probabilidad de encontrarnos un libro descompensado es bastante alto. Sería interesante poder confeccionar nuestra propia antología de relatos a medida que los vayamos necesitando, a precios reducidos. Vamos, de la misma manera que puedes comprar en tiendas de música digital las canciones que componen un disco.

La novela corta. A día de hoy es un formato casi muerto por imposición editorial. Hay unos costes fijos que cubrir con la edición de un libro y muchos lectores no se atreven a arriesgar demasiado dinero con un libro «fino». El síndrome de «caballo grande, ande o no ande», está arraigado en el mundo literario. Sin embargo, y es mi opinión, la novela corta en formato digital puede ser un excelente escaparate de muy bajo precio, o incluso gratuito, para autores no demasiado conocidos por el gran público. También hay que tener en cuenta que escribir una novela corta no lleva el mismo tiempo que una novela larga, y mucho menos del tamaño que algunas editoriales demandan hoy en día. Otra ventaja del digital es que el síndrome del «caballo grande…» es menos acentuado.

El Folletín o la Novela por entregas. Una suerte prácticamente desaparecida a día de hoy. Sin embargo, puede que sea una de las que más futuro tenga si los lectores electrónicos acaban formando parte de nuestra vida diaria. Historias largas preparadas para ser leídas en capítulos cortos de gran intensidad… hay obras, ¿hablábamos de Martin?, que ya son folletines en formato de novela. Imaginad no tener que esperar cuatro años a que salga el siguiente libro de Canción de Hielo y Fuego y poder disfrutar de un par de capítulos al mes.

Supongo que a medida que avance la tecnología y los escritores intenten colocar sus obras aparecerán nuevos modos, estilos y formatos, tanto de escribir como de editar. ¿Y a vosotros? ¿Se os ocurre alguno más? ¿Creéis que la novela mantendrá su hegemonía en el siglo XXI?

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4
comentarios en “Nuevas (y viejas) maneras de editar y de escribir”

  1. Félix G. Modroño dijo:

    Una reflexión muy interesante. Yo también creo que todos (lectores, autores y editores) deberíamos de ir mentalizándonos de que estamos en plena evolución y de que más vale que nos vayamos adaptando a ella.
    Saludos.

  2. Clash_63 dijo:

    Siempre me ha parecido que una novela debe estar en un máximo de 250 paginas, sin ser inflexible, si la historia lo justifica no es importante, pero para mi mejor menos que mas. Muchas veces he comentado con mis amigos novelas que están bien pero a las que les sobran paginas. Este es un detalle en el que me fijo y las novelas que mas me han gustado y lo siguen haciendo suelen estar en ese numero de paginas.

    De un tiempo a esta parte lo que era excepcional ha pasado a ser norma y llega hasta la exageración, por poner un ejemplo, un famoso director de un periódico ha sacado un libro, (novela-histórica), con 1600 y pico paginas. Sin hablar los que escriben “tochos” por trilogías, cuartas y quintas partes, series, etc.. Supongo que estrategias de marketing para ganar mas. Aunque habrá a quien le guste, afortunadamente encuentras de todo.

    Como ya hemos comentado, el mercado ha cambiado, aunque editoriales y autores no lo quieran ver, gracias a la tecnología los lectores-consumidores les imponemos un cambio, es una imposición, no una opción.

    La figura del editor de la editorial, tiende a desaparecer o convertirse en algo mucho menos importante, (un eslabón mas de una cadena), pierde el poder y una parte importante de la tarta económica, por eso su gran preocupación, y aunque los políticos se han apresurado a aprobar ampliada la llamada “Ley Sinde“, sus esfuerzos son en vano.

    El libro electrónico implica que un autor, con la misma computadora que escribe sus textos, EDITA sus libros en formato electrónico, algo que se consigue con una ínfima infraestructura. Además, muchas personas aficionadas que sepan manejar un ordenador pueden publicar su propio libro. Ha eso hay que sumar que el intercambio de archivos en webs es imparable, muchas webs son legales y las ilegales que consigan cerrar darán paso inmediatamente a otras. Habrá mucha mas oferta de libros, mas libertad de publicación y al alcance de todos. En suma; seguiremos leyendo mas y mejores novelas y a uno o dos euros maximo.

    En el otro hilo un “blogguero” dijo sentir asco, al leer cosas como: “que a los autores nadie les impide escribir”, que yo escribí.

    Dejo aquí enlaces a blogs de “AUTOeditores“, autores jóvenes que quieren abrirse camino y que ofrecen sus novelas a precios razonables e incluso gratis. Si os interesan os llevaran a otros muchos enlaces de este “mundillo”.

    http://vivenciasdeunescritornovel.blogspot.com/

    http://vidaymilagrosdeunex.blogspot.com/

    Supongo que muchos ya las conoceréis. Yo las he descubierto hace poco y me han sorprendido gratamente, incluyen “books-trailers” con la sinopsis de sus libros, una innovación para publicitarlos bastante atractiva.

  3. Alfonso Villar dijo:

    El formato novela, si triunfa, es porque a la mayoría de los lectores nos gusta el desarrollo de una buena trama con buenos personajes. El desarrollo psicológico de los personajes es fundamental. Además, parece que el eterno esquema de conflicto-resolución del conflicto esté incrustado en nuestros genes; de ahí también el triunfo del cine como medio para contar historias. El relato breve está bien, da pie al juego literario, pero en mi opinión no deja de ser un estadio anterior a la narración “moderna”y compleja. Siempre nos ha gustado contar historias y es posible que la novela sea la forma más adecuada a esa necesidad que tenemos.

  4. Nocturno Inculto dijo:

    Yo veo el libro digital como una extensión del libro físico, no como su acabose, ni como su sustitución, pero déjenme explicarme. Parece más que claro que el futuro de los libros está determinado por el formato digital, todos los que leemos, lo haremos en la computadora, en un lector digital, una tableta o un teléfono celular. Pero lo que yo no creo es que exista un formato distinto al que concebimos. Puedo pensar en una novela tridimensional, en la cual, exista un programa para leerla, concibiendo los rasgos de un lado hacia el otro, una especia de cubo rubik que en su interior guarde a “Rayuela” de Julio Cortázar, o un laberíntico programa que nos muestre y haga escuchar lo que Borges creía que era un libro infinito, hecho de todas las palabras, con todos los tramas, en todas las lenguas, infinitos de palabreos y retahílas gigantes. Pero ese nivel de complejidad que suena maravilloso, que parece abrir muchas puertas, también parece cerrarlas.

    Puede existir un formato así para la poesía, un formato en el cual el libo sea presentado como un icosaedro digital en nuestro kindle y desentrañemos sus versos, sonetos, etcétera, en cada movimiento que le demos con nuestros dedos, podría ser, pero me decanto a creer que la novela seguirá imperando. Más corta, en episodios, o de alguna otra manera, porque, no hacerlo, sería cambiar nuestros propios gustos literarios, nuestra estructura cerebral. La idea de una obra icosaédrica me parece fabulosa, pero también el leer “Inés y la alegría” de Almudena Grandes o el último libro de Murakami, me parece fantástica. Creo que hay muchas posibilidades y también muchas persistencias. Tal vez la novela pueda desaparecer, la narrativa volverse obsoleta, o volverse una gesta al estilo “El cantar de Roncesvalles”, pero confío en que la novela siga existiendo porque gusta, porque me gusta.

    Por último, quisiera recuperar el comentario sobre la novela de folletín. Sinceramente, la idea me parece deliciosa, leer cada mes, cada dos meses, un capítulo, dos capítulos de una novela que pareciera extenderse en cantidades mayúsculas, me parece más que deseable. Yo sería muy feliz leyendo de esa manera a G.R.R. Martin o a Patrick Rothfuss, o al ya repetitivo John Connolly, en lugar de esperar a que saquen uno de sus libros gigantes (exceptuando a Connolly que saca un libro cada año), y mejor disfrutar poco a poco, pero de manera constante de su narrativa. El futuro está llegando, pero tampoco creo que sea tan diferente el recurso del libro. Antes existían incunables, y se llegó al invento de Gutenberg, se pasó de tratados, de poesía, de literatura religiosa u oculta, a novelas, a narrativa, sin descuidar todavía la poesía, la épica, la literatura religiosa. Lo que quiero decir es que encontraremos otro tipo de narración, tal vez alguna que abarque dimensiones distintas, pero, la novela, a narrativa seguirá existiendo, aunque sea, como moda pasada.

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