Grandes plagios literarios (I)

En nuestro tiempo, hablar de plagio es hablar de una práctica ilegal, deshonrosa y socialmente vilipendiada. En una época en la que, por lo menos en lo superficial, se concede importancia a la originalidad, el copiar e imitar, sobre todo cuando se hace por intereses económicos, es uno de los pecados más graves del escritor.
Por supuesto esto no siempre ha sido así. La consideración del plagio varía de un periodo histórico a otro, del mismo modo en que cambia su percepción de una cultura a otra. En países como China, por ejemplo, las obras literarias tardaron bastante en comenzar a firmarse, y aun cuando se firmaban, sus obras con frecuencia eran compilaciones de textos de otros autores. Esto ha ido cambiando con el tiempo, pero sigue conociéndose como una cultura en la que la imitación puede ser una forma de halago, y un recurso práctico, tanto en lo artístico como en lo comercial. Es irrelevante hablar de plagio como tal en circunstancias como estas, en las que el concepto de autoría es totalmente diferente de nuestra perspectiva occidental contemporánea. Y en la propia Occidente, que arruga la nariz ante las imitaciones de cualquier calibre, hubo un tiempo en que era práctica común tomar “prestados” textos ajenos para firmarlos con el nombre propio. Un recurso común era presentar como obras propias traducciones de clásicos latinos y griegos (es posible que Gonzalo de Berceo, por ejemplo, no escribiera una sola palabra de su propia creación en toda su obra). Esto, lejos de ser perjudicial, se consideraba positivo, ya que la mención de fuentes otorgaba prestigio y credibilidad al texto.
Tras la Edad Media y con la progresiva revolución cultural del Humanismo, el constante préstamo textual entre artistas que viajaban y se nutrían del canon de otros países fomentaba el plagio y la copia, pero por otro lado se engrandecía la figura del autor, que comenzaba a valorarse como individuo. Es casi imposible establecer la diferencia en esta época entre lo que era una copia directa (ya fuera en el mismo idioma o a través de la traducción) y un simple cúmulo de influencias. Sin algunas de estas imitaciones, no dispondríamos del necesario tráfico de ideas, estilos y formas que compondrían un interesante Renacimiento y un glorioso Barroco en el ámbito de la literatura española. Sin embargo, poco a poco, la fama y gloria alcanzada por el escritor hacía que este se mostrase más celoso de sus creaciones, y serían más frecuentes los enfrentamientos entre autores por motivos de imitación, una vez la literatura comenzase a establecerse como negocio más o menos rentable para aquel que la practicaba. De hecho, la legendaria rivalidad entre dos grandes de nuestra lengua, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, parece haberse originado por el uso indebido del primero de la forma de escribir del segundo, ya que utilizaba su estilo y léxico para ridiculizarlo. Esta peculiar forma de plagio, ofensiva y burlona, otorgó fama al escritor y despertó la ira de Don Luis, fomentando una enemistad que se tradujo en una de las batallas literarias más completas y productivas de la historia de la literatura.

14 de noviembre de 2011 a las 13:27
La diferencia es que en la antigüedad no podían achacar los plagios a “errores informáticos”, como se hace ahora
14 de noviembre de 2011 a las 18:30
Aunque creo que ‘no hay nada nuevo bajo el sol’, eso de firmar con el nombre de uno palabras textuales de otra persona me parece una canallada. No se pierde nada citando, salvo cuando se quiere salir impune en el robo de palabras. Ah, la frase entre comillas es de la Biblia, creo que se le adjudica a Salomón.
14 de noviembre de 2011 a las 18:57
En la antigüedad, como hoy, los vasos comunicantes son justificación para decir dos seres humanos tienen la misma idea sobre algo pero la visión con la que la presentan es distinta. Además otro argumento a favor del plagio es que como todo ya está escrito, lo importante es la forma en cómo se aborda.
En cuanto a las dos luces de los Siglos de Oro que tanto admiro, sus poemas son antropofagia poética por causa de un odio lleno de ingenio, agudeza y abundancia. Checa el link para saber más:
http://turkishtwilightsandrecklessnights.blogspot.com/2010/01/editar-la-vida-con-m-korda-ver-con.html
http://bit.ly/v1Ypxa
14 de noviembre de 2011 a las 21:29
Bueno, le echarían la culpa al copista de turno, seguro.
15 de noviembre de 2011 a las 13:57
(Ese último comentario mío iba en respuesta al de Holden).
23 de noviembre de 2011 a las 12:24
Tomar los sentimientos de otra persona es una canallada terrible, falta de respeto y de conciencia. Muchas de las personas que escribimos lo hacemos sobre nuestras propias viviencias y es terrible que alguien se apropie de algo que es tu propia vida. Para mi es uno de los sacrilegios mas terribles ya que tomas la vida y la personalidad de otro, eso no tiene ningún tipo de disculpa. Cuando falta en esta vida el respeto, falta todo, porque sin respeto todo se pierde. A mi me plagiaron y me agredieron, ni siquiera me preguntaron nada, robaron lo que quisieron, robaron parte de mi vida que estaba expresada a través de mis escritos. Lo registre con todos los derechos reservados precisamente porque no estaba escribiendo cosas vanales, era cosas graves, que nadie debió tomar por respeto hacia un ser humano. Un saludo y simpre estaré en contra del plagio, prefiero leer dos lineas auténticas aunque estén mal escritas, que leer algo muy bien escrito pero qu eno pertenece a quien lo ha expuesto y que lo único propio suyo es COPIAR Y PEGAR. Un saludo.
28 de noviembre de 2011 a las 0:58
A mi en lo particular el plagio es una enorme falta de respeto para el autor y para el lector. Saludos.
4 de diciembre de 2011 a las 20:28
Obviamente, el plagio es una falta de respeto. Pero también hay textos, que sin ser plagios, “copian demasiado ” a otro. A mí siempre me llamó la atención el enorme parecido, por ejemplo, entre el original “100 años de soledad”, de García Marquez, y el posterior “La casa de los espíritus”, de Isabel Allende. Para mí el primero es de las mejores novelas latinoamericanas. El segundo, si bien me gustó, me parece que tiene cosas muy parecidas a “100 años…” Ambos y comiezan y terminan con una estructura semántica similar,y son parecidos ciertos personajes, ciertas historias; me parecía que a algunos personajes les faltaba , incluso, el nombre original: no sólo los Buendía sino también Remedios, la bella, entre otros. No descarto estar equivocada, simplemente fue una sensación que tuve.
6 de diciembre de 2011 a las 12:38
Estoy de acuerdo con “corazón verde…”, plagiar a una persona es como robarle parte de su alma. Evidentemente no es lo mismo basarse en una obra para crear tu propia historia, y cuando digo basarse es inspirarte en una época, algún personaje. etc. Pero, sí, como decís todos el plagio es una falta de respeto. Si yo publicara algo que no es mio lo haría en su nombre. Por desgracia hay gente que no tiene cargo de conciencia cuando se adueña de lo mas íntimo y lo toma para sí, y además, gana sacos de dinero.
PD: Mariana, no he leído “100 años de soledad”, y mira que llevo años queriendo hacerlo xD Ya que he leido “La casa de los espíritus” tomare nota.
6 de diciembre de 2011 a las 22:53
Sólo en casos muy excepcionales el plagio es una forma de elogiar el trabajo de un autor como es el caso de todos los escritores que aprendimos a escribir con Guy de Maupassant. El mismo Gabriel García Marquez afirmaba que su guía para escribir CIEN AÑOS DE SOLEDAD había sido el profesor William Faulkner.
9 de diciembre de 2011 a las 8:43
Mariana, sí, “La casa de los espíritus” se parece demasiado (por decirlo suavemente) a “Cien años de soledad”.
Y te aseguro que no fuimos las únicas que lo pensamos cuando leímos los dos libros.
9 de diciembre de 2011 a las 19:30
Pérez-Reverte creo que entiende del tema.
11 de diciembre de 2011 a las 18:39
De todos los que han copiado o intentado copiar a García Márquez creo que ninguno tuvo tanto éxito como esa señora Allende, claro que lo suyo no es sino un remedo casi, del colombiano. Pero gracias a la circulación y difusión de textos de mala calidad, la señora está en todas las librerías.