¿Estamos todos representados? (II)

Como anticipaba en la primera parte del artículo, las editoriales dirigidas a público juvenil en España parecen mostrar, en principio, menos escrúpulos que sus equivalentes estadounidenses a la hora de publicar libros que incluyan personajes no heterosexuales (o personajes que se salgan de la directiva blanco heterosexual de clase media que parece abundar en dicha literatura; si bien no entraré en este artículo en la diferencia racial, ya que merecería varios textos aparte). Una rápida búsqueda por Internet produce numerosos resultados en este sentido, y una búsqueda un tanto más selectiva, entre escritores y conocidos, produce otra lista de títulos cuyos personajes muestran tendencias no heterosexuales, dentro del marco de la literatura juvenil escrita por autores españoles.
Por supuesto, lo primero en aparecer son libros dirigidos expresamente a adolescentes gays (aunque también figura alguno encaminado a lectores bisexuales). Se trata de títulos cuyos protagonistas se enfrentan bien a la discriminación social, bien a su propia confusión (o a ambas cosas). En esta línea podríamos encajar obras como Nunca soñé contigo, de Carmen Gómez Ojea, o Fin de curso de Jesús Generelo. Aunque estos autores son bastante conocidos, no tienen el peso de los grandes escritores de dicho género. Por esto fue una muy agradable sorpresa descubrir Huida al Sur, de Juan Madrid, que obtuvo nada menos que el Premio Edebé de literatura juvenil en el 2008. Que una editorial grande no se amilane a la hora de presentar obras con personajes como los de Madrid es todo un símbolo de progreso; su protagonista, Tomás, es gay, marroquí y pobre. Nada que ver con los estereotipos a los que nos pueden haber acostumbrado.
También inspira confianza la literatura infantil, donde abundan los títulos educativos cuya función está más encaminada a enseñar tolerancia al niño lector desde una temprana edad (algunos ejemplos serían La princesa Ana, de Luisa Guerrero, o Amigos y vecinos de Lawrence Schimel). Pero el objetivo es diferente, y en este sentido la literatura juvenil tiene sus limitaciones; si bien no parece haber problema al presentar a personajes de clases y razas variadas, por lo general se observa una falta de representación de personajes no heterosexuales. Aparecen, de manera callada, en obras sueltas, por lo general de editoriales especializadas. Ya mencionamos en el artículo anterior a Jordi Sierra i Fabra, que presenta a una protagonista lesbiana en Al otro lado del espejo, aunque vista la extensa producción del autor catalán, parece inevitable que tarde o temprano se centrara en el tema del despertar sexual de un adolescente no heterosexual, debido a su gusto por crear historias con todo tipo de personajes y temáticas. Sierra i Fabra abrió la puerta pero tampoco han sido tantos los que han aprovechado su corriente. En lo que se refiere al género juvenil, parecería que este tipo de novelas se concentra en narrar el descubrimiento de la identidad sexual, y sorprende la ausencia de tramas que incluyan personajes que participen de aventuras típicas de la literatura juvenil, donde la sexualidad fuese una característica más, tan corriente como ser rubio o moreno, diestro o zurdo. ¿Necesitamos una normalización, una inclusión de personajes gays y bisexuales como entidades no definidas por su “diferencia” sexual, sino por las características que generalmente han marcado a los protagonistas de la narrativa juvenil: la valentía, la honestidad, el sentido de la maravilla? Esperamos, como viene siendo habitual, vuestras opiniones en los comentarios.
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10 de octubre de 2011 a las 19:36
Muy interesante el artículo.
Debo decir que, como escritor de literatura LGTB y lector asiduo desde hace bastantes años, que efectivamente la literatura de temática LGTB necesita autores que traten temas nuevos. No sólo en lo que concierne al ámbito infantil y juvenil, sino en lo que se refiere a lo general.
La mayor parte de la literatura cuyos protagonistas son no heterosexuales narra historias en las cuales la homosexualidad es el centro argumental: salir del armario, discriminación, la vivencia de tórridas experiencias sexuales mediante las cuales se descubre la orientación sexual… Efectivamente, aun a pesar de que esto sea importante, hemos alcanzado un punto en el que es necesario que la homosexualidad sea sólo una característica más del personaje y la trama discurra en un aparte. ¿Por qué no pueden existir novelas negras con personajes homosexuales? ¿Por qué el protagonista de una historia de terror no puede ser bisexual?
No obstante, creo que esto no sólo es culpa de los autores, sino que también la responsabilidad recae sobre las editoriales, las cuales, en muchas ocasiones, se niegan a publicar ciertas historias y no salen de lo de siempre; muchas veces las editoriales LGTB en detrimento de la calidad de los libros que constan en sus catálogos. Mientras que las editoriales no especializadas tienden a sentir cierto pavor a la hora de publicar estas historias generales con personaje homosexual de por medio si van dirigidas al gran público y no al sector no heterosexual. En parte porque el lector heterosexual se muestra reacio en innumerables ocasiones a inmiscuirse en una historia en la que el personaje principal no es heterosexual. Todos sabemos que leer es identificarse con el personaje y eso de identificarse con un gay o una lesbiana, por ejemplo, es todavía un tema escabroso. No digamos ya si se trata de un travesti o un transexual.
En mi opinión, sería necesario que todos, tanto autores, como editoriales, como lectores cambiáramos el chip.
Y ya no me enrollo más, que ya está bien