Agentes políticamente incorrectos

Hay un artículo que ha estado dando tumbos por internet durante las últimas semanas, firmado por los escritores estadounidenses Rachel Manija Brown y Sherwood Smith. Ambos son autores muy reconocidos en su campo (han publicado numerosas novelas dirigidas al público juvenil), y decidieron escribir juntos una novela juvenil de ciencia ficción (en concreto se trata de un libro llamado Stranger, ambientado en un mundo post-apocalíptico). Presentaron su obra, como tenían ya por costumbre, a diversos agentes literarios, con la esperanza de que quisieran representarlos en la siempre complicada búsqueda de editor. Y cuál no sería su sorpresa cuando la respuesta de los agentes, casi unánime, hacía referencia a un cambio en particular: eliminad a Yuki.
La obra de Rachel y Sherwood se desarrolla desde cinco perspectivas. Una de estas corresponde a Yuki Nakamura, un adolescente que tiene pareja. De su mismo sexo. Por lo visto esto no es aceptable para algunos agentes literarios (e imagino que para algunas editoriales, ya que a los agentes les interesan los libros que creen que pueden, a su vez, interesar a las empresas de edición). Y si no es aceptable damos por sentado que no hablamos de principios religiosos, convicciones morales o políticas, sino de pura y dura rentabilidad. ¿Rechazaban estos agentes a Yuki porque haría menos atractiva la obra para sus lectores y, más importante, para los padres de los lectores? Los autores admiten que algunos agentes eran más abiertos al respecto (solicitando directamente la eliminación o “heterosexualización” del personaje), mientras que otros lo sugerían a media voz junto con otras “modificaciones” (que también pedían transformar a los personajes de razas no blancas en arios de pura cepa). Se reduce, al fin y al cabo, en la discriminación hacia el otro, hacia la diferencia, tome ésta forma de gay, lesbiana o hindú. Lo cual, teniendo en cuenta que hablamos de ciencia ficción, un género que suele abrazar, precisamente, la diferencia (alienígenas, futuros alternativos, tecnologías extrañas…), no deja de sorprender.
En los comentarios y respuestas al artículo de Brown y Smith, hay voces de todo tipo, en su mayoría de escritores. Aunque aparece quien afirma que nunca tuvo este tipo de problema con sus agentes literarios, la mayoría se muestra (generalmente bajo pseudónimo) bastante de acuerdo con éstos, contando experiencias similares. Entre los que sí han dado su nombre real destaca Nicola Griffith, que tiene nada menos que un Nebula, uno de los premios más importantes dentro del género de la ficción especulativa. Griffith cuenta sin tapujos cómo despidió a su primer agente literario por intentar que ella disfrazase o eliminase la homosexualidad de sus personajes. En un mundo en el que a J. K. Rowling no se le ocurrió sacar del armario a Dumbledore hasta que sus libros ya estaban terminados, ¿hay suficientes libros que ofrezcan personajes con quien puedan empatizar los adolescentes gays, bisexuales, o transexuales? Más aun, ¿no es precisamente la diversidad lo que hace más creíbles a dichos personajes, proporcionando por tanto mayor legibilidad a la obra ante sus lectores, sean estos homosexuales, heterosexuales, blancos o verdes?
No hay duda de que existen en Estados Unidos varias editoriales pequeñas especializadas en temática queer. Pero el mainstream todavía está lejos de ofrecer todo lo que puede. Por ahora, Stranger sigue sin editor. ¿Y qué pasa con España? De eso trataremos en otro artículo.
Autores relacionados:
26 de septiembre de 2011 a las 20:37
Interesantísimo artículo. Desde hace algún tiempo que he notado la poca objetividad en las editoriales al momento de publicar libros juveniles. Me parece tremendamente lamentable que aun exista discriminación en la literatura. Se supone que esta nos debe identificar; poner sobre la mesa aspectos de la realidad aun si esta es ciencia ficción o fantasía.
La verdad, a mí me pareció algo frustrante que Rowling nunca decidiera especificar dentro de sus libros la homosexualidad de Dumbledore.
Tal parece que al mundillo literario aun le falta superarse. Está en pañales y, aunque estamos en pleno siglo XXI, este tipo de cosas siguen ocurriendo.
Ojalá se haga algo al respecto.
28 de septiembre de 2011 a las 8:30
[...] raíz del artículo en el que hablamos de los problemas que tenían algunos escritores estadounidenses de literatura juvenil para [...]
1 de octubre de 2011 a las 11:42
Es curioso lo que comentas porque hace un par de semanas, los autores YA (de nopvelas juveniles) que sigo en twiter empezaron a denunciar esto mismo. La tendencia a que los agentes no acepten personajes gays. No sé en qué habrá quedado la protesta de estos escritores pero como bien dices, ¿y estos jóvenes no tienen derecho a verse reflejados en estas novelas?
Me gustaría pensar que va a cambiar pero me temo que peco de ingenua.
2 de octubre de 2011 a las 16:05
Comparando el asunto con el cine, supongo que será necesario que busquen un lugar LGBT para que los apoye. Es detestable que este tipo de obras sólo sean apoyadas por ellos para ser lanzadas, pero sí es algo común con obras de teatro y hasta besos en público.
Yo leería con gusto una novela como “Stranger”. Espero que consideren el mercado de libros electrónicos. Sería una lástima perdernos de una historia como ésta.