Para qué leer
Si lo piensas, leer un libro es, en cierta forma, como hacer la cama. ¿Qué sentido tiene hacerla si al cabo de unas horas vas a deshacerla otra vez? ¿Qué sentido tiene leer un libro si de aquí a un mes es posible que no recuerdes ni su título?
Algunos tienen mejor memoria que otros pero, para la mayoría del público lector, los detalles contenidos en un libro desaparecen de su memoria casi en su totalidad. Por supuesto recordaremos bastante de un libro favorito (que además habremos leído varias veces), pero probablemente hayamos olvidado el nombre de la protagonista de una obra que leímos hace treinta días. Recientemente, el escritor estadounidense James Collins trató el asunto en un artículo del New York Times, donde admitía su fracaso a la hora de intentar recuperar datos de su memoria acerca de un libro en concreto que recordaba haber leído con gran interés. Collins admite que el acto de lectura es válido por sí mismo, por el goce estético y por el puro entretenimiento que suele acompañarlo, y otros autores suelen argumentar que su interés por lo literario y por la lectura en particular se inició de pequeños, marcados por algún libro en concreto. Francis Spufford, un conocido crítico y periodista británico, aseguró que su obsesión por la lectura le llegó de la mano de El Hobbit de J.R.R. Tolkien, y El señor de los anillos también ha sido culpable de numerosas largas historias de amor bibliófilo.
Sin embargo, ¿hay algo más? ¿Alguna razón más, más allá del propio disfrute, que nos justifique la lectura? Por lo visto sí la hay. Desde el punto de vista científico, el impacto de la lectura en el campo de la neurolingüística es tremendo. Leer crea nuevos caminos y redes en nuestro cerebro, originando conexiones que no tendríamos de otra forma. En otras palabras, lo que leemos interviene de manera directa en la formación de nuestra personalidad y nuestro conocimiento. Al igual que miles de factores crean lo que nos rodea, la cultura en la que estamos inmersos, lo que leemos crea una textualidad propia que nos define. Aunque no recordemos nada sobre un libro, la lectura sigue ahí, almacenada en nuestra memoria y actuando como un pequeño factor más en nuestra estructura de pensamiento. Así, de la misma manera que hacer la cama todos los días establece una disciplina y fomenta el orden, leer con frecuencia tiene su propia y potente utilidad, ya que está sometiendo a nuestro cerebro a un bombardeo de información, mejorando y fortaleciendo sensiblemente varios de sus procesos. Otras actividades tienen efectos similares (ver una película, contemplar una obra de arte), pero pocas tienen el impacto sobre la imaginación y la creatividad que tiene un libro. Y el contenido del libro influye en lo que eres, en tu conjunto. En conclusión, cada libro te está haciendo un poco más tú.
Así que la próxima vez que te asombres ante todo lo que has olvidado de un libro, no te preocupes, las horas invertidas no han sido en balde. Incluso en el caso del libro más aburrido, al que hayamos prestado poca atención, hemos tenido ocupado a nuestro cerebro y hemos aportado un granito de arena más al desarrollo de nuestra inteligencia.
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26 de septiembre de 2010 a las 19:36
Estupenda reflexión
26 de septiembre de 2010 a las 20:58
Excelente post.
26 de septiembre de 2010 a las 21:43
Muy bueno el post. Si todos supiéramos lo que podemos beneficiarnos con la lectura de los libros, tanto psicológica, mental y espiritualmente, ser mejores personas, más leeríamos. Sí que es cierto que somos más selectivos, porque hay tanto que leer, que si un libro no me dice nada en sus primeras 60 ó 80 páginas lo abandono para seguir leyendo otro que me dé más satisfacción, porque sé que no podré leer todo lo que se publica, tampoco voy a perder tiempo con tanta lectura mala que pulula por el mundo editorial.
Saludos.
26 de septiembre de 2010 a las 23:49
¡Al fin una respuesta a la pregunta del millón! Es muy cierto, muchas veces me gusta conservar los libros por la misma razón, me da miedo olvidar que alguna vez los he leído, sobretodo esos que me dejaron pensando o que me entretuvieron mucho. Pero tiene razón: leer fomenta nuestra creatividad e imaginación, además de entregarnos ese nuevo tipo de conexiones que de otra forma no tendríamos. Me encantó la frase: cada libro te está haciendo un poco más tú.
27 de septiembre de 2010 a las 2:10
No os imagináis cómo os agradezco esta entrada. Habéis tocado precisamente una de las preocupaciones que me rondaba últimamente en relación a la lectura. Soy treintañera y ya empiezo a notar cierta pérdida de memoria, y me preguntaba justamente si merecía la pena tanto esfuerzo y tanto tiempo invertido en leer. Afortunadamente, me habéis confirmado que sí. Gracias.
27 de septiembre de 2010 a las 13:16
Estoy totalmente contigo, Silvia. Muchas veces me pregunto qué sentido tiene leer si enseguida olvido los detalles de la lectura, y tantas veces he lamentado la cantidad de horas de lectura especializada que parece haber sido en balde. Pero resulta que no, que sigue ahí, y que está haciendo mucho más por nosotros de lo que creemos
27 de septiembre de 2010 a las 17:00
Me ha consolado mucho leer este artículo, pero mucho más los comentarios hechos sobre él, puesto que éstos confirman ¡que no soy la única! Me gusta leer y me preocupa olvidar detalles con el paso del tiempo, aunque estos olvidos son directamente proporcionales al grado de interés que me causó el libro, ya que algunas historias que no me gustaron, con los años, las llego a olvidar casi por completo. Pero, estoy totalmente de acuerdo: ¡toda lectura enriquece!
28 de septiembre de 2010 a las 9:27
Yo también soy treintañera ( y me quedan pocos años para dejar de serlo) y tengo el mismo problema de notar que la memoria va envejeciendo. A veces se tiene la desoladora impresión de haber leído, haber aprendido, haber conocido cosas… para nada, porque no queda ni el recuerdo, es como hacer dibujos en el aire. Me quedaba el consuelo de que uno de cada 30 o 40 libros me impacta tanto que él y sus personajes entran a formar parte de mi imaginario ya para siempre. Con este artículo tengo otro consuelo.
29 de septiembre de 2010 a las 10:05
Excelente post,
formo parte de un proyecto literario que esperamos pueda ver pronto la luz, y llevamos más de un año leyendo originales. A pesar de que la inmensa mayoría de ellos tenemos que descartarlos porque no podemos apostar por textos que no nos convenzan al 100% (ya que tenemos que invertir económicamente en ellos). Y la verdad, hemos encontrado algunos que deseamos que vean la luz porque son de esos que se te pueden quedar en la retina de la memoria para siempre. Conscientes de que en esta página entran muchos escritores amateur, dejo aquí una invitación para que envíen sus originales y formar parte así de Textos del Novosaurio.
Saludos y enhorabuena por la web
Novosaurio
30 de septiembre de 2010 a las 10:29
Para qué leer…
Cuestión cuasi metafísica. Quien escriba, para atesorar registros de cómo otros, en tiempo pasado e incluso presente, han puesto en valor su imagen de la Literatura. Quien se considere lector, entre otras, por todas y cada una de la razones que esgrime Gabriella Campbell con gran acierto. Finalmente, esos materialistas empedernidos, esos egoístas del papel, para dar vida a nuestra propia biblioteca: espacio íntimo donde nos rodean amigos de tinta y cuartilla que casi nada piden y tanto nos dan.
Y tú, ¿Qué opinas? Para qué leer…
4 de octubre de 2010 a las 15:27
Dentro de los infinitas herramientas que me inculcarón mis padres, la lectura siempre ocupó un lugar privilegiado. El periódico era una gran pasatiempo y fuente de continuos descubrimientos, así como una gran ventana del mundo. Ya en mi adolescencia, me asigné una tarea: leer y subrayar las palabras desconocidas o difícil, y luego buscar su significado en el diccionario y tratar de memorizarlas con mi propio sentido. Aún ya “viejo” lo continuo haciendo, siempre la lectura y los conocimientos que me ha aportado me dan una calidad de vida de primera SIN GROSERIAS.
23 de octubre de 2010 a las 3:57
SIGUIENDO EL PENSAMIENTO DE GALEANO,EL LIBRO VA CRECIENDO DENTRO NUESTRO,PARECE OLVIDADO,PERO NO.LAS PALABRAS ,LOS PENSAMIENTOS ESPERAN PARA SALIR,ASOMBRANDONOS ,SORPRENDIENDONOS…
24 de octubre de 2010 a las 18:51
Cuando veo un libro o me hablan de un título de uno que ya he leído, sé si me ha gustado o no, pero tenía una gran preocupación al no recordar la historia para poder contarla. Muchas veces me he preguntado ¿para qué leer si luego no me acuerdo? Con esta entrada se han ido mis preocupaciones al comprobar que mi caso no es el único, así que ahora seguiré disfrutando y empapándome de nuevas historias, porque para mí LEER ES UN PLACER.
1 de febrero de 2011 a las 16:35
Muy interesante lo que ha añadido Delescriptum: “Finalmente, esos materialistas empedernidos, esos egoístas del papel, para dar vida a nuestra propia biblioteca: espacio íntimo donde nos rodean amigos de tinta y cuartilla que casi nada piden y tanto nos dan”. Somos tantos los fetichistas del libro, que a lo mejor leemos simplemente por el placer de tocar y pasar las páginas. En ese sentido, creo que el ebook pierde muchísimo.
1 de febrero de 2011 a las 16:38
Es que hay libros que se merecen el tiempo y el dinero de tenerlos y leerlos en papel… y otros no. Y no es porque sean malos, es que son de una lectura rápida, divertida y se acabó. No quieres pasar toda tu vida rodeado de libros así. Vaya, esto ha quedado… metafórico.
8 de marzo de 2011 a las 9:47
Menos mal, porque era bastante frustrante intentar acordarte de los detalles de un libro que en su momento te impactó, pero que ahora no te acuerdas ni del nombre…
12 de mayo de 2011 a las 3:02
Estoy de acuerdo. La lectura nos amplia la visión del mundo, ordena nuestro pensamiento y las innumerables influencias de lecturas almacenadas en nuestro cerebro le da un sentido particular a las cosas cotidianas de la vida que percibimos a cada instante. Una COSA notable que ocurre en el lector regular es que habla con elegancia, tacto e ingenio.
2 de noviembre de 2011 a las 7:56
[...] hemos hablado en este mismo blog sobre los efectos beneficiosos que tiene la lectura sobre nuestro cerebro y sobre nuestra vida personal. Sin embargo, a veces se [...]