Desde el cielo de Sebold

Recientemente hablamos de la adaptación al cine de una obra que en su momento fue un éxito de ventas apabullante: The Lovely Bones, de Alice Sebold, traducida al español como Desde mi cielo. La traducción literal del título, algo así como “los huesos encantadores”, hay que admitirlo, no queda tan bien, y la elección del título en español es más que acertada, ya que hace referencia al texto en sí, que se desarrolla en primera persona desde el cielo personal de una niña de catorce años brutalmente violada y asesinada. Así, nos encontramos con una narración realmente omnisciente, ya que la niña, Suzie Salmon (como el pez, dice ella misma), puede observar el mundo y describir con detalle todo lo que en él acontece.
Tal vez lo menos significativo de la obra, pero al mismo tiempo interesante, sea el concepto de cielo que se nos presenta en el libro. Lejos de la imagen tradicional de querubines y trompetas, Suzie se encuentra con un espacio muy parecido a su propio instituto, recreado sólo para ella, si bien también se hallan presentes otros difuntos cuyo cielo personal se solapa con el suyo. Suzie se da cuenta de que puede conseguir lo que quiera en su espacio sólo con desearlo; lo que quiera excepto lo que realmente desea, que es volver a estar viva. El espacio personal de cada persona se presenta como una especie de preámbulo, de pasillo de espera para entrar al cielo compartido de todos, ese Cielo general que exige que los muertos dejen atrás sus recuerdos y liberen a los suyos de su vigilancia constante.
Sebold analiza con mimo las relaciones interfamiliares y las estructuras que se ponen en evidencia ante una tragedia tan espantosa como es la muerte de una hija, hermana o nieta a manos de la violencia. La simple noción de perder a un ser querido de una manera tan terrible es tan devastadora que sería ingenuo suponer que una familia, por muy unida que esté, mantenga las mismas interacciones, jerarquía y equilibrio. Desde mi cielo tiene realmente poco que ver con la muerte de una niña y mucho que ver con el sufrimiento de aquellos que quedan vivos. El asesinato de la adolescente transforma a los que la rodeaban: desde su propia familia hasta el chico que le dio su primer beso o aquella joven a la que tocó sin querer cuando su espíritu huía de su cuerpo. Personas que apenas tenían relación se ven unidas por la desgracia, y otros que estaban estrechamente vinculados comienzan a separarse. Suzie consigue de vez en cuando reflejarse en un cristal, visitar de manera fugaz y trémula a sus seres queridos, pero es realmente el fantasma de su muerte el que atormenta a los suyos. Sebold sabe utilizar los recursos adecuados, las palabras exactas, para jugar con nuestra sensibilidad con la maestría de un virtuoso; sus trampas son eficientes y terribles, sus frases se graban a fuego vivo: son sencillas y tremendas. Sus personajes viven en un barrio de clase media, en un lugar reconocible, y sus descripciones están repletas de detalles cotidianos e identificables. A pesar de que la novela transcurre entre los 70 y los 80, podría ubicarse en nuestros días; podría ubicarse en nuestra calle. La habilidad de Sebold para conseguir la verosimilitud es más que correcta; no en vano ella misma fue víctima de una experiencia parecida a la de Suzie de la que afortunadamente logró escapar con vida (algo que describió con detalle en su novela anterior, Lucky).
Sea como sea, aunque consigamos identificar las trampas, aunque reconozcamos los trucos, aunque veamos con claridad los hilos de los que se sirve el mago para realizar el espectáculo, éste no deja de ser maravilloso. Un final redondo, en el que se explica el destino de cada uno de los personajes, algo que parece haber pasado de moda y que de vez en cuando se echa en falta ante tanto final abierto y tanta ausencia implorando la imaginación del lector, remata este libro, que cerramos, satisfechos, seguramente con lágrimas en los ojos.
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26 de septiembre de 2010 a las 23:36
Hermoso libro, con el que efectivamente terminamos con lágrimas en los ojos, pero lágrimas satisfechas, como dice en esta reseña. El personaje de Suzie lo llegamos a conocer cuando ella ya está muerta, no así en la película que es adaptación del libro, dónde la conocemos cuando está viva y como convive con su familia, lo que si bien da un efecto mucho más triste al momento de ver la pelicula, no me encantó tanto como el libro. Digo “encantó” porque literalmente el libro me encantó desde que lo empece a leer. La idea de tener toda una vida por delante y derepente perderlo todo, es lo que creo que Alice Sebold quizo plasmar en este libro. La vida no es para siempre, pero sobretodo nadie la tiene asegurada: bien puede ser tu abuelo de 80 años quien muera mañana, puede ser tu hermana de 7 o puedes ser tú mismo. A mí me dejó la enseñanza de vivir cada momento de mi vida como si no hubiera un mañana, dejar de hacer cosas por obligación o porque otras personas quieren que lo haga. Lo importante es saber encontrar el balance entre vivir el momento pero además asumir tus responsabilidades.
Muy buen libro, lo guardo en mi repisa y de vez en cuando vuelvo a retomarlo, es un libro que desde la primera página tu sabes que te hará preguntas que puede ser que tu nunca te hayas preguntado.
26 de septiembre de 2011 a las 19:53
A mis 16 años, había estado buscando algo en mi vida que faltaba, ahora que he leído este libro y la película, creo haberlo encontrado, estoy seguro que mi vida no será la misma ahora, este libro ahora forma parte de mi vida, y no dejaré que sea en vano, porque esta vida que tengo, es lo que tanto deseaba Suzie, lo que le fue arrebatado tan injustamente, que yo lo tengo, y no lo sabía a provechar.
También terminé con lágrimas en los ojos, que hasta ahora me marcan, porque ahora he aprendido a valorar realmente la vida, porque soy afortunado de tenerla, pero era un mediocre al no valorarla, esta vida que tanto hubiera deseado tener Suzie para cumplir sus sueños, y que yo no aprovechaba.
Quizás pensarán que soy dramático, no es así, tan solo creo que he madurado un poco más, porque la historia podrá ser ficticia, pero trata de un tema muy real, que podría pasarle a cualquiera, y que ha dejado marcado para siempre.