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Escritor suizo nacido en Biel en 1878 y fallecido en el sanatorio mental de Herisau en 1956. Robert Walser es uno de los escritores más fascinates y extraños que dieron a luz las convulsiones estéticas y morales del siglo XX. Azotado por la locura y por el silencio, hijo de un tiempo y un espacio tremebundo, ocupa lugar destacable en el panteón lietrario de eso que se ha venido a llamar autores malditos. Su vida fue semejante a la de sus personajes, inquieta, errática, vaporosa y violenta, siempre escapando a cualquier forma de duración y estabilidad. A los 14 años dejó de estudiar y y se dedicó a vivir al paso, a través de los más diversos oficios: fue empleado de banca, secretario, archivero e incluso sirvió de criado en un castillo de Silesia. Walser aborrecía las consignas morales de la burguesía. Despreciaba la prosperidad y el éxito, y detestaba atarse a la rutina y lo convencional. Vivió desparramado, itinerante, de un lugar a otro, sin domicilio fijo, sin lugar propio y generalmente pobre. A partir de 1925 comenzó a sufrir trastornos nerviosos y alucinaciones auditivas. Tras episodios cada vez más frecuentes de agresividad y violencia ingresó en el manicomio de Waldau, de donde será transferido, en 1933, al sanatorio de Herisau. Fue allí, en silencio y olvido, después de una vida de disidencia absoluta con la realidad, donde murio en 1956 . Su obra es críptica, extraña, poco metódica y siempre abierta. Se desenvuelve en lo itinierante y en lo vago, y de hecho, como en vida, vagabundea por los textos. Se mueve sin fronteras a través de espacios líricos, prosaicos y ensayísticos, todos a una y sin bisturí que los cercene. "La peculiaridad de Robert Walser como escritor", dice Elias Canetti, "consiste en que nunca habla de motivaciones. Es el más oculto de todos los escritores. Siempre está bien, siempre está encantado con todo"
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