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Fue considerado en sus comienzos literarios como 'el eterno finalista', ya que sus dos primeras obras, El santo y el demonio (1963) y El adúltero y Dios (1964), fueron finalistas del Premio Planeta, y la tercera, Amores de invierno (1966), lo fue del Blasco Ibáñez. Obtuvo su primer premio, el Urquiza, con La venganza de las ratas (1967), y, un año más tarde, fue de nuevo galardonado con el Premio Ateneo Jovellanos de Gijón por El seguro. Enfermos pobres, enfermos ricos. Entre sus obras, clasificadas dentro de la corriente del realismo social y de literatura de denuncia, figuran también Sin raíces (1970), El muerto resucitado (1984), El pasmo (1987), Reunión patriótica (1995) y El pequeño Werther (1997), además de libros de viajes como Las Hurdes. Tierra sin tierra y de enseñanza. Ganador del Premio Café Gijón de Novela 2002 con su obra La hora del barquero.
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