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Mankell sigue en su línea del "antihéroe" en otra entrega de la serie negra de Kurt Wallander.
En esta novela, el detective de la policía sueca se encuentra con un suicidio aparente que no acaba de parecerle suficientemente claro, y que acaba enfrentándolo con el poder en la sombra del dueño de un gran holding internacional de empresas.
Lo que más me gusta de este autor, además de la solidez y buena construcción de su narrativa, es el dibujo de la personalidad de su protagonista: un casi cincuentón policía sueco del montón, con los problemas familiares típicos de un divorciado con hija adolescente y padre mayor, que lo único que busca es realizar lo mejor posible un trabajo que él se resiste a que sea burocratizado por las imposiciones administrativas.
A esto une una casi permanente melancolía y una visión desesperanzada y casi resignada de la mediocridad de su vida, que sólo se ve alterada cuando lo que está en juego es la resolución de uno de sus casos.
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