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Aunque sin igualar a "El pájaro que da cuerda al mundo", Nurakami muestra su visión existencialista a la japonesa a través de la descripción de las vivencias de un adolescente que se irá moldeando como adulto mediante la relación con la muerte de los seres más cercanos. En palabras del protagonista, "Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos de seguir viviendo". Se trata, efectivamente, de un blues urbano que nos desquicia en su propia melancolía, hasta llegar a confundir la locura del vivir cotidiano con la naturaleza más real y tangible
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