Continúa la historia vista desde la lectura de Galdós y las peripecias de Salvador Monsalud.
Como en los libros anteriores, los detalles abruman en ocasiones.
La intrahistoria de la novela está menos desarrollada que en otros capítulos previos de la serie, más previsible.
Sigo encontrando como déficit el lenguaje rebuscado de Galdós, claramente irreal en ciertos personajes. En obras posteriores el autor destacará por poner en boca de los personajes la jerga propia de su clase social, sin embargo, en estos primeros libros de los episodios nacionales, a veces resulta poco creíble.