Me dejó la sensación de que el popular Gabo se liberó aquí de la obligación de escribir "realismo fantástico latinoamericano" según se lo había clasificado, con el que había dado obras para mí -obviamente un juicio totalmente subjetivo- mediocres como "Los funerales de la mamá grande" o "La increíble y triste historia...". El resultado son doce buenos cuentos, realmente.