El tratamiento del lenguaje y la manera de abordar la novela son geniales. Al usar un narrador en tercera persona, pero en tiempo presente, te da una lejanía que te permite percibir los acontecimientos de mejor forma, y, por otra parte, logra involucrarte en lo más profundo del personaje por medio de la reflexividad (cuestionamientos a casi todos sus actos). El retrato de Londres y de Sudáfrica es magnífico, preciso y elegante. Un escritor pulcro y de categoría. Una novela brillante.