Saramago tiene su don que es su forma particular de narrar, yo la encuentro original y nada complicada, otros habrá que le resulte pesada y pesarosa. Pero lo que es esta novela es suya por los cuatro costados, los personajes, reales e imaginarios de los propios personajes -como el sentido común de Tertuliano-, que los hacen únicos y sobre todo vivos que es lo que se pide.
No sé que más añadir, me gustó y creo que a cualquiera de los saramaguianos que abundamos por el planeta le gustará aunque no llega (en mi muy particular opinión) a la altura de Todos los nombres o Ensayo sobre la ceguera.