Todo escritor tiene un objetivo: encontrar su vellocino de oro, es decir, una obra que lo perennice que lo transforme en un clásico. Pocos lo logran. Eco, pertenece a este grupo. Nos ha entregado una historia en la que se amalgaman todas las virtudes que un lector acucioso valora. Su personaje, Guillermo de Baskerville "que Dios le perdone su vanidad intelectual" nos encandila con su lògica y erudición. Aquel monasterio benedictino y sus ocupantes -inclusive con un bibliotecario ciego de nombre Borges- ya forma parte de nuestras querencias. Argumento, prosa, descripciones, elucubraciones, ideas, tienen un denominador común: la excelencia.