Este cómic, en formato apaisado, con espectaculares colores de Lynn Varley y un dibujo cargado de testosterona y de encuadres alucinantes a manos de un Miller muy inspirado, no tiene una historia a la que haya que buscarle nada más allá de la acción. No hay más. El cómic es una flipada, una ida de cabeza, una pelea sin cuartel de hazañas hiperbólicas, épica en su esencia más pura, batallas y más batallas hacia un final fatídico. Hay que disfrutar del baile de carne y metal y no darle muchas más vueltas al asunto. ¡Me encantó!