Sin duda el mejor de todos. Apesar de repetirse en sus frases hechas y cliches, enganchan muchísimo la historia y su desarrollo. Aquí sí se desarrolla el complot; desde sus inicios hasta su término. Lástima que la estructura del libro sea bicéfala; sólo el Capitán e Iñigo son los conductores de la historia; sin ellos, los otros personajes no aparecen. Hubiera sido magnífico contar esta historia de manera multidimensional: todos los personajes son protagonistas de su esfera de influencia, sin la aparición de los dos personajes principales. El autor refleja la naturaleza de Alatriste y Malatesta de forma perfecta. Son dos caras de la misma moneda; el reflejo oscuro del Capitán: los mismos medios para distintos fines. Sólo los separa una línea muy fina. Hay momentos que emocionan; sobre todo, las despedidas y reencuentros entre Alatriste e Iñigo. Apesar de sus progresivas desavenencias, Iñigo considera al Capitán su mentor o padre espiritual: su espejo. El Capitán, como todo padre, se lamenta de la vida que le ha hecho llevar; querría algo mejor para él. Pero se siente recompensado por el aprecio, admiración; e incluso, amor de Iñigo. Por último, este sería un buen final para dejarlo por fin.