Javier Marías necesita 400 páginas para decirnos que si los muertos volvieran serían un incordio para quienes convivieron con ellos, y que un enamorado pierde la razón respecto al objeto de su amor.
El estilo de este autor, de nuevo, es más propio de un ensayo que de una novela. Sus pensamientos sobre lo que analiza, tiende a dogmatizar, no son nada novelescos, además de ser muy reiterativos, y cuando los sitúa en los diálogos hace que éstos resulten muy pedantes a la vez que falsos. Nadie habla como si estuviese pensando, como lo hacen los personajes de esta novela y otras anteriores de este narrador.
Buen argumento, en definitiva, pero pesada narración. Lo que cuenta se dice igual en 100 páginas y de forma más efectiva, sin divagar.