Al igual que en El Quijote se utiliza la caballería como excusa, el autor se basa aquí en los elementos más paródicos del espionaje para elaborar una paradoja en forma de novela que, si bien no es su mejor obra, construye toda una búsqueda y persecución del propio individuo y la forma que éste tiene de redimirse, tras usurpar diversos cuerpos como metáfora de lo inaprensible.