Es un libro regular, pero a pesar de esto no se olvida fácilmente. Lo que más me gustó es que lo importante no es encontrar al criminal, por el contrario, ahonda en otros temas sociales bastante interesantes. Lo peor del libro es que el autor parece empecinado en desprestigiar a Dios, y creo que el principal objetivo de la novela policiaca debe ser la crítica social, más no la religiosa.