Desde luego, lo que es hablar, habló (¡más de 600 páginas!), pero no de cine. Ni siquiera un par de las mencionadas páginas que nos ofrece las dedica a sus famosas películas.
El libro podría decirse que está dedicado, casi por entero, a los comienzos en el music-hall y el vodevil de la familia Marx, a las múltiples y variopintas amistades que el cómico fue granjeándose por el camino (A. Woolcott, Shaw, Levant, etc.) y a su familia: su mujer y sus hijos.
Con todo, es un excelente documento sobre una época que ya no volvió después de la gran depresión y un libro que. sorprendentemente, te hace sacar conclusiones positivas sobre la vida.