En el África septentrional recién liberada del colonialismo francés, un tuareg inicia una revuelta personal tras haber sido violada una de las leyes milenarias del desierto por el recién nacido Estado independiente. Como en otras de sus obras, el autor asienta su argumento en el relativismo ético, representado aquí en la lucha entre la epopeya robinsoniana y la cesión individual indispensable para construir una colectividad mínimamente coherente. Pese a su intención, cae en frecuentes pantomimas heroicas y desvaídas alabanzas a la ancestral pureza perdida.