Ahora uno de mis héroes favoritos, el incomprendido Pantaleón, testigo de la doble moral y el fariseísmo de toda nuestra sociedad, protagoniza una novela que es un dechado de la técnica narrativa del ahora más ilustre que nunca Vargas Llosa. Siempre con su forma indirecta de relatar los hechos, un aspecto minimalista en los diálogos y en la forma de describir al orador, a la vez que su ya toque distintivo de hilvanar diferentes situaciones conectando los diálogos, hacen de P. y sus bellas visitadoras una obra completa y otro certificado de calidad del escritor peruano.