La primera juventud tiene necesariamente que recurrir al recuerdo de este universo descarnado y brutal que parece descrito por un narrador consumado en su madurez. Sorprende que sea uno de los primeros libros de Vargas Llosa y que tenga ya casi cincuenta años de vigencia en el género de la novela como narración insuperable, viva y paralizante en el recuento de esa educación férrea que tanto marcó a una generación que ya no pudo volver a ver el mundo con los mismos ojos.