Los que tratamos de valorar cualquier obra literaria, según nuestro leal saber y entender, nos premunimos de un impermeable capaz de resistir las naturales afinidades electivas. Es decir, tratamos de colocarnos en el fiel de la balanza y desde allí juzgar la calidad de la obra- Luego de concluir la lectura de El perfume, -acépteseme la perogrullada- salí oloroso internamente y externamente. Una maravilla de libro. Las descripciones eruditas, nombrando con detalle
instrumentos, fórmulas, esencias amén de un argumento pletórico de sagacidad y originalidad todo ello envuelto en una prosa lujosísima . Me impresionó tanto como cuando leí El nombre de la rosa.