Tiqui (7 de agosto de 09)
Qué pena que los autores modernos permitan que los futuros lectores influyan tan poderosamente en el producto o desenlace de sus obras.
En mi opinión esto es lo que ha ocurrido con ésta pequeña joya literaria, que poseyendo la magia de atrapar al lector y envolverlo con sus excelente narrativa, rompe en forma abrupta dicha trayectoria al caer en la mediocridad de lo soez y desagradable, recreándose en los detalles más escabrosos y lúgubres que tanto agradan al público juvenil, complaciendo dicho mal gusto y elevando a los altares a un ser demente de nacimiento, cuyas taras mentales le abocan a cometer los crímenes más horrendos y execrables, los cuales no sólo no son castigados, sino que además son la recompensa al esfuerzo y al genio innato de un ser superdotado.
Muy mal ejemplo