A mí me pareció una obra maestra. Con Ana María Matute, y concretamente con esta novela, aprendí lo bello y seductor que puede llegar a ser el llamado "mal rollo", todo un descubrimiento en esta era del "buenrollismo" en que nos ha tocado vivir. Son más de 1.000 páginas de hechos canallas, de desasosiego, de maldad... El lector no ve tregua, pero quiere seguir devorando páginas. Me encantó como metáfora del poder, de la codicia, de la crueldad y de otras tantas demencias. Y el personaje de Gudú me pareció uno de los más trabajados antihéroes o villanos de todos los tiempos, aunque con su toque de pobre diablo incomprendido que te hace sentir al final lástima.