En la Barcelona de la postguerra es donde transcurre esta historia. Marsé en esta ocasión demuestra de nuevo la maestría que tiene relatando historias, con esas descripciones que te transportan a esa época y que hace que tu cabeza imagine escenas que más bien son como fotografías. Por otro lado los diálogos son fantásticos, originales a la vez que realistas y en ocasiones muy graciosos, además, el que relata la historia es un feto todavía en la barriga de su madre y eso ya de por si es curioso.
Lamentablemente la historia promete mucho más de lo que al final es, y es que en ocasiones se hace muy pesada. Siempre digo que las novelas que tienen pocos personajes, no me atraen. Si son pocos por lo menos deberían ser profundos y arrolladores, si no el relato se diluye en la monotonía y este es el caso.
Aunque tiene un final sorpréndete que parece realizado precisamente para eso, para aportar algo a la novela después de una lectura tediosa, no es suficiente para decir de Rabos de lagartija que es una novela entretenida.