Historias del otro lugar es un libro para saborear poco a poco, no es posible, ni sería justo, leer un libro como éste como si se tratase de una novela. Eso, leer de un tirón, no puede ni debe hacerse con un libro de cuentos, ni con uno de poesía. Ambos géneros, en especial éste que nos ocupa, invade nuestra intimidad, se aloja en nuestra casa, duerme en nuestra mesilla de noche para que lo saboreemos, poco a poco, como si de un vino de reserva se tratase, y a cada nuevo día que transcurre, su categoría aumenta, como los buenos tintos.
Sesenta y siete cuentos, casi toda una vida de cuentistas de José María, se dan cita en este enorme volumen de setecientas ocho páginas, que me ha acompañado durante meses en la búsqueda del sueño, pero también en la pérdida del mismo, por que, algunas veces, cuando abría la puerta del relato, como si me adentrase en ese oscuro pasillo que hay en el centro de la portada, sabía que iba a ser muy difícil conciliar el sueño.
Historias del otro lugar por que nos lleva a ese otro lugar donde descansan las fantasías, las que nos han acompañado toda la vida, aunque jamás las hayamos escuchado contadas de esta forma, otras las encontraremos a la derecha de la portada, en esa puerta medio abierta, y cuya luz, ¿del atardecer?, nos invita a dejar el incómodo banco de madera para mirar y, si el ánimo nos acompaña, entrar sin cerrarla.
Otras veces, y la portada tiene tantos mundos como los cuentos que se esconden bajo ella, será por la ventana. Ahí seremos mirones, fisgones, personajes de cuento políticamente incorrectos que miraremos el especial mundo de José María desde una esquina de la ventana, también entreabierta, como invitándonos a hacerlo, aunque nuestro ánimo no quisiese.
Declaraba el autor coruñés, con el que me une una común amistad con Juan Pedro Aparicio, que la inspiración puede cogerte en cualquier lugar, y tal vez sea cierto en un creador como él, pero al lector o lectora de este libro, no puede ocurrirnos lo mismo. Son más de veinte años de la vida del autor que han merecido, al menos por mi parte, muchos y agradables ratos de muchos e interesantes momentos de lectura que quedarán ahí, en el poso de las cosas vividas y que merecen la pena ser recordadas.