Zumel, mercenario íbero al servicio de Cartago, regresa a su tierra desencantado de la vida del guerrero. El autor hace gala de una gran erudición sobre la cultura de los íberos y de los pueblos del Mediterráneo y asiáticos en esa época prerromana. Si los datos y las referencias históricas y culturales son muy abundantes, en cambio el argumento es muy sencillo. Incluso hacia la mitad de la novela, cuando el protagonista ejerce de pastor, resulta reiterativo y pierde interés. El autor parece que utiliza algunos personajes como Erifelos, acompañante de Zumel en su viaje por Medio Oriente para ilustrarnos sobre costumbres, pueblos, ciudades... por las que pasan.
Una de las ideas clave que parece perseguir la novela es confrontar la barbarie típica de los íberos y otros pueblos contemporáneos con un pensamiento más refinado que defienden algunas (el médico griego Nomandros, las djaicas -especie de sacerdotisa-prostituta del santuario de Anahita persa) Estos se plantean la validez de las rígidas costumbres o ideas imperantes, como la venganza, los dioses, el honor de la muerte...