Es el que menos me gustó de los cuatro primeros. Se me hacía repetitivo aunque es el más bizarro y loco de todos, tanto, tal vez, que me hace menos gracia. Ubicar a Hamlet en el mundo real es divertido, aunque le falta más chispa. Sin lugar a duda, lo más divertido es la aparición de San Zvlkx, un santo de nombre impronunciable que viene a ofrecer una revelación al mundo, y la revelación es una porquería. La manera de hablar del santo es desternillante. Lo leí entero, pero me costó acabármelo porque la trama no estaba tan bien trabado como la de los dos primeros que, para mí, son los mejores.