Esteban o Santiago, qué importa. La vida de un colombiano privilegiado, que tuvo la suerte de nacer en una ciudad tan insólita como Medellín y en una época plena de promesas en donde todavía ser intelectual valía la pena. Nuestro Santiago o nuestro Estebancito, al parecer se untó de todo un poquito, de Marxismo, de antropología, de ripios de revolución, de intelectualidad mochilera y de esos dramas amorosos tan confusos y trágicos muy propios de una sociedad mojigata, llena de prejuicios. Sí, Esteban al parecer fue feliz y se ganó el derecho de viajar a las europas y despegar como escritor, de esos que ven la realidad tras las gafas de sus recuerdos e improvisan historias lejanas de la patria incómoda que abandonaron. Sería bueno que Santiago volviera a Medellín a ver qué le ha hecho falta para sazonar sus historias con este otro Medellín tan diferente al de sus evocaciones y a lo que tanto ha intentado escribir sin poder convencer a los que vivimos infelizmente esa misma época de monsieur Estebancito.