LA MEMORIA DEL AGUA tiene la frescura de ser la primera novela de una autora que hasta ahora sólo había publicado obras de ensayo, además, claro está, de sus numerosos artículos periodísticos.
Después de leerla, nos sorprende con que, más que una novela, en realidad podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que son dos. En la primera parte del libro nos adentra en el Balneario de la Isabela, donde una serie de muertes nos mantendrán en vilo, junto con un comisario meticuloso que cree que la verdad reside en las cosas más insignificantes, una niña que todo parece verlo, unos antiguos baños romanos que tantas cosas antes habrán vivido, amores prohibidos, y la maldición de LA ISABELA.
La segunda parte nos habla de la época en que ese mismo balneario fue utilizado como centro psiquiátrico, donde además, se realizaban experimentos médicos apartados de la buena praxis de la medicina.
Toda la novela en su conjunto tiene como protagonista a Amada, a la que conoceremos como niña en el Balneario, y como mujer joven que vuelve a sus raíces años después en el Psiquiátrico.
El lugar, no cabe duda de que existió, en la actualidad anegado por las aguas de un pantano. Nos preguntamos cuántas cosas de las que la autora dice haber inventado no pudieron ciertamente ocurrir. Tal vez ella, sin saberlo, las ha recuperado de LA MEMORIA DEL AGUA que nunca ha abandonado el paraje.
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