Patrick Ericson, o José María Fernández-Luna, como le conocemos los más cercanos, nos sorprende en poco tiempo, y por tercera vez, con sus enigmas y sus números, con sus cábalas, en esta ocasión en una novela que trae aromas a Ángeles y Demonios y eso, supongo que para los amantes del thriller, dirá mucho a favor del escritor de Alhama de Murcia.
De lo que digo, os recomiendo leer el capítulo tercero, donde el equipo de Sirius Dyer, del Departamento de Psicología criminal de la NSA estadounidense, intentará descifrar el número de la Bestia, el 666 que en tantas novelas, películas, obras teatrales, ensayos, etc. ha aparecido y aparecerá. Las conclusiones sorprenderá a más de uno, yo entre ellos, pero la genialidad del autor nos conduce a conclusiones insospechadas.
La trama casi puede estar contenida en este fragmento de la página 37: “Participarán cuatro jugadores, pero solo dos de ellos llevarán consigo el fuego y la marca de la Bestia”... “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días vestidos de cilicio”... “Esto es un juego de rol, juego que dio comienzo el día de la Bestia y que finalizará tantos día después como su nombre indica, coincidiendo con el tercer aniversario de la muerte del quinto rey”.
Tuve el honor de prologar esta novela. En el mismo me atreví a señalar una de las claves de la trama: “no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a Tu palabra, llévala a su perfección por la caridad”. Patrick nos presentará un grupo de la curia romana que desea reformar la Iglesia, a la que llaman Nueva Iglesia, donde la caridad de Cristo sea la luz que los conduzca. Aunque la clave que subyace bajo todo esto es lo fácil que es escribir sobre la religión católica, lo poco peligroso, en contraposición a escribir sobre el Islam, por ejemplo; qué sencillo y nada peligroso es decir lo que se quiera sobre la religión en la que creen miles de millones de personas en todo el mundo.
Otra de las claves la representa el Departamento Mind Control de Psicología Criminal, con Sirius, Jessica, Tinny y Fat Boy, genios cada uno en su campo, que descifrarán los enigmas que Reverendo, quien en un principio parece el cerebro terrorista, les va poniendo por el camino.
Y el otro elemento es Internet, la red de redes, allí donde Fat Boy se encontró con algo que cambió su vida: “los ojos del grasiento informático estaban vidriosos y enrojecidos, como inyectados en sangre-. ¡Fue horrible!- exclamó desencajado-. Debéis creerme... Desde aquel día, rara es la noche que no me despierto con la espeluznante sensación de tenerlo muy cerca, como pegado a mi piel...” (Pag. 44). Y todo esto lo revela en una conversación sobre Bill Gates.
Con esos elementos, más las desconocidas armas de destrucción masiva que, según el autor, sí tienen Estados Unidos y Rusia, Patrick Ericson nos paseará por Washington, Ucrania, Los Ángeles, Finlandia, Rusia, Ibiza y Roma, la ciudad Eterna, y se nos descubrirá como un consumado conocedor de las costumbres vaticanas, de sus calles, de sus pasadizos.
Por si todo cuanto os he podido contar os parece poco, además, seremos testigos de la muerte de un Papa, el siguiente a Juan Pablo II, de la convocatoria de un cónclave, de la elección de un nuevo Papa, de...
Menos mal que esto es una novela de ficción. ¿O no lo será tanto?.