¿Un adulterio en París? Sí, pero eso no es lo diferencial de esta historia de posguerra. Me ha sorprendido tanto por la línea argumental como por la empatía con que se han construido los personajes, desde sus fortalezas y debilidades, y, fundamentalmente, por la voz narradora. Una voz sutil, que enmarca la trama en el fondo histórico (la Francia de los años cincuenta, sesenta) y el acontecer de los personajes del triángulo enredado en el acontecer de los sucesos y cambios sociales de esos años. La enigmática Sophie o la desdibujada línea entre el paraíso y el infierno. El flautista Raphael o el precio del conformismo. El desamparo del héroe, el luthier húngaro. Y el amado hijo de nadie. Y qué decir de la ironía con que se relatan los excesos totalitaristas, la represión, el exterminio del otro, la violencia del poder... Quizá esta historia nos alerte de que la violencia, esa fuerza contaminante, no se pierde o se acaba, sólo se transforma.