No tenemos muchas veces la ocasión de leer una historia, no demasiado larga, y que nos enseñe tanto, que nos llegue tan adentro. Es un prodigio de sensibilidad sin caer en la sensiblería. Algo que sólo puede escribir quien ya tiene muchos años vividos. Me parece una obra imprescindible y muy recomendable para no olvidar la gran necesidad que tienen nuestros mayores de dar y recibir cariño, y de ser escuchados simplemente cuando nos hablan de su pasado. Fantástica la visión de la relación abuelo-nieto, que va más allá de la tan socorrida abuelo-canguro. Una gozada que emociona.