reca (11 de diciembre de 11)
Es mi segunda lectura, son más de ochocientas páginas, casi todas muy densas, ya que algunos de los personajes que marcan la pauta son hipercultos, y no olvidan sus múltiples lecturas cuando contemplan el mundo, a sí mismos, el pasado propio.
Yo valoro el tremendo esfuerzo del novelista, su capacidad para pintar las distintas situaciones y ambientes diferentes, en distintas épocas. Pero pese a reconocerle este mérito, no acabo de meterme dentro. He necesitado gastar esfuerzo en motivación para seguirla leyendo. Quizá también haya sido un acicate, en este sentido, el que no haya comprendió fácilmente su estructura. Ahora que estoy llegando al final se me van aclarando ciertos aspectos.
No sé si habrá una tercera lectura, quizá necesaria y en su momento, pero de momento me conformo con llegar al final de ésta.
Ejemplo de metanovela, o novela ensimismada, o poemática, ya que el autor-personaje, escribe su propia vida: Papeles de Miguel, y también la otra novela Octubre, octubre, que da título al conjunto.
El que entienda algo de mística árabe, tiene facilitada la comprensión de una buena parte de la novela. Pero me pregunto: ¿Es que hacía falta tanta erudición para componer una excelente novela? Igual pregunta me puedo hacer con el otro personaje principal, el de la novela Octubre, octubre, Luis, que es un antropólogo con problemas de identidad sexual y creencia en la transmigración de las almas, que a troche y a moche, nos endilga sus teorías antropológicas, eruditas, rebuscadas, interpretativas de todo lo que le ocurre. ¿Pero es que hay que saber mucho de Antropología para leerla de una forma cabal? En fin... ¡Gajes del oficio de lector!