Grisham demuestra en esta historia que no solo sabe urdir complejas tramas judiciales; aquí nos cuenta a través de los ojos de un niño de 7 años como es la vida de los labradores (granjeros) en EEUU, o al menos como era allá por el año 1950 en el estado de Arkansas. Fatigas, sudores, peligros de todo tipo para al final conseguir no pasar de pobres. Creo que todo lo que cuenta es extrapolable a cualquier otro país del mundo donde haya gente empeñada en trabajar la tierra. Cautiva a menudo la gracia del pequeño Luke, y sorprende al lector su tierna ironía,su percepción de un mundo al que apenas se ha asomado, pero en Arkansas los niños son así.