Los poetas,-máxima expresión de la palabra- tienen un halo inundado de virtuosismo con el que nacen. Me sobrecojo hasta el paroxismo al subsumir la poética de este español, cuya vida tan breve nunca se lamentará lo suficiente. Cómo no sobrecogernos ante esa epístola al dolor que es su Elegía, insuperable lamento que perdurará per sécula seculorum. Igualmente, la desgarradora impotencia que trasuntan los versos ante la muerte de Federico García Lorca.
A pesar de ser un autodidacto, el polen fecundante que esparció está gravitando hasta nuestros días y, seguramente, seguirá aromatizando a quienes, como él, sienten la belleza de la palabra.