Una tomadura de pelo. Eso fue lo que sentí cuando comencé a leerlo. Se suponía que era la tercera parte de una trilogía (aunque parece que éste lo escribió antes, a tenor de la fecha publicada en la reseña) a la que habían antecedido dos buenos libros. En el segundo quedaba una cuestión sin resolver, que no solo no se resuelve en éste, sino que ni siquiera va del tema. Me explico: los dos libros anteriores están ambientados en los meses anteriores al levantamiento militar que dio paso a la Guerra Civil Española. Es ficción, no cabe duda, habida cuenta de que se supone que alguien quiere ir al purgatorio como lugar real dentro de la novela, en la primera parte, y que ya están en él, en la segunda. Pues bien, en ésta tercera parte, nada de nada. Un señor que comienza a estar algo senil lee los dos anteriores y lo comenta con su familia. Desde mi punto de vista me reitero en que a los lectores nos ha tomado el pelo de la peor manera. Como historia separada, sin conexión alguna con los dos primeros, pues sería una novela pasable, pero como tercera parte de la trilogía, creo que un tres sigue siendo demasiada puntuación, la verdad. No lo recomiendo nada de nada.