Me leí la versión que publicó Alfaguara (2004), que es la única disponible después de la primera edición cubana y que sólo circuló en la isla. Leyendo el relato, comprendo por qué se convirtió en un best-seller en su país.
Es una novela corta y encantadora, donde se narra lo que supuestamente le ocurrió a una joven a la que un buen día se le ocurre hacer unas señales en el techo de su casa en La Habana, la ciudad donde vive y donde transcurren los hechos.
Está contada en primera persona, a manera de testimonio, sin pretensiones, y sin pretender ser ciencia-ficción, sino simplemente el relato de un hecho que ocurrió y que la autora cuenta, aclarando que no le interesa si alguien lo cree o no.
Está lleno de detalles inquietantes que le hacen preguntarse al lector si no hay algo más que un relato inventado detrás de lo que se relata.