Sin dejarse contaminar por su acusado cinismo y desencanto, bien merece la pena que dediquemos tiempo a este particularísimo autor, de particularísima biografía personal y familiar, que se tradujo en una irrepetible y, a su modo, brillante forma de contar historias. Ácida, pero valiosa, es esta visión de la Norteamérica en ciernes, y, sobre todo, entretenida. No en balde el autor vivió la guerra en primera persona.