Nos produce una amarga tristeza que Stieg no haya podido disfrutar de la notable acogida de su desconcertante trilogía de suspenso, de esta obra póstuma que requiere leerse con cuatro ojos y no dejarse "embolatar" y distraer por el vértigo de los sucesos narrados a un ritmo trepidante y con maliciosos significados que dejan mucho qué pensar. Estas novelitas son algo más que negritas, tienen un raro color grisáceo y, por momentos, nos pegan ese frío penetrante de Suecia.
Quienes hayan tenido el privilegio de presenciar la versión fílmica de Los Hombres que no amaban las mujeres, después de leer el libro, se habrán impactado por esa escena recurrente en donde una niña, con una expresión decidida y fatídica, procede a lanzarle una lata de gasolina a un señor x y luego sin temblarle los dedos, enciende una cerilla y zuas!...prácticamente lo incinera y ella qué, pues impávida, como si nada. Es la escena que revive mentalmente la Salander, por algo será, no?. Esas tomas fílmicas ya anuncian subliminalmente, al desprevenido espectador que debe proceder de inmediato a devorarse la segunda parte de la trilogía Millenium para enterarse qué pasado oculta la enigmática Lizbeth Salander y si también es pirómana
Y no solo nos enteramos del por qué,sino que el narrador nos envuelve en una intriga densa y plena de recovecos en donde se revuelcan principios, conceptos políticos, paradigmas morales, la vergonzosa concepción de la justicia y el poder y se denuncia esa crueldad humanoide que ha brotado como un virus temible en esta sociedad globalizada en donde, al parecer, todo es permitido.
A mi modo de ver y entender, el señor Stieg Larsson lo que hizo fue tirarle la gasolina a toda esta pútrida sociedad y nos está dando a entender, desde la tumba, que una niña-símbolo de toda esta niñez desamparada y violentada por padres machistas, poderosos y...fascistas- estará dispuesta a lanzarles la cerilla encendida para mirar con frialdad cómo se convierten en cenizas o, al menos, cómo se desfiguran
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En buena hora, la juventud tiene una antiheroína, sin los hechizos de Harry Potter, pero tan escabrosamente real que es muy posible que esa cofradía de hackers estilo Salander estén ya tramando incendiarnos con algo mucho peor que la gasolina, con un combustible más espantoso: Los Virus informáticos inoculados en los epicentros de las multinacionales que tanto daño le están causando al planeta. Sí, apúntese a la lectura del segundo librito de Larsson, pero eso sí, ni se le ocurra leerlo...a punta de vela.